Columna de Kasia Wyderko

Uruguay, el pequeño gigante

Septiembre 2019
Star News - Uruguay, el pequeño gigante

Pionera en derechos y legalidades sociales, el espíritu de esta nación sudamericana se conforma también de literatura y fútbol.

He soñado mucho con Uruguay, esa gran pequeña nación de solo 3 millones de habitantes, siempre enfrascada en contiendas imposibles contra los gigantes; tenaz, valiente y orgullosa, porque siento que es un país creado por soñadores y reparadores del mundo.

Desde el principio aclaro que hasta ahora no he tenido la oportunidad de visitar físicamente la antigua tierra de los valientes charrúas, la recorro solo en mi mente con la ayuda de varios y muy queridos amigos uruguayos que me preparan auténticos banquetes espirituales con jugosas tiras de asado y novelas de genios de la talla de Juan Carlos Onetti o Mario Benedetti como platos fuertes. Insuperables.

Sin olvidar otro viaje excitante, la travesía por el universo futbolístico uruguayo, tan marcado por la ya célebre “garra charrúa”, ese espíritu de batalla —seña de identidad nacional— que permitió a Uruguay proclamarse campeón del primer Mundial de futbol de la historia en 1930 en calidad de anfitrión, y 20 años más tarde alzarse con su segundo título. 

Hay muchas otras batallas a las que el pequeño Uruguay anclado entre Argentina y Brasil se lanzó sin titubeos y sin miedos, siguiendo el ejemplo de David, vencedor de Goliat el gigante.

En 2006 la diminuta nación sudamericana, por iniciativa del entonces presidente, el oncólogo Tabaré Vázquez, le plantó cara a la mayor empresa de cigarros del mundo, Philip Morris International, con la obligación de cubrir la cajetilla de cigarros con advertencias sanitarias shocksobre las nefastas consecuencias de fumar. Se trataba de las primeras imágenes de este tipo a nivel planetario. 

Pasó lo impensable, Philip Morris perdió la demanda contra el Estado uruguayo en los tribunales. El tabaquismo bajó en el país un 22% y el mundo, impresionado, empezó a copiar las medidas antitabaco de Montevideo. El derecho a la salud se impuso contra el derecho al comercio. 

En los tiempos más recientes, un auténtico rockstaren Occidente, el presidente e ícono de Uruguay, José Mujica, sacó las garras charrúas frente a los Bancos internacionales, corporaciones farmacéuticas y otros colosos financieros al legalizar la venta y el cultivo de marihuana.

No hubo excesos ni sobresaltos. Todo trascurrió con calma, a la uruguaya, si no tomamos en cuenta las invasiones de turistas extranjeros. Fue un proyecto vanguardista, toda una revolución en la política de drogas en el mundo. 

Fiel a sí mismo y al dicho de Einstein: “Es una tontería esperar resultados novedosos haciendo lo mismo todo el tiempo”, cien años atrás el mismo Uruguay creó el monopolio estatal del alcohol, cuando el método más popular para combatir el comercio de bebidas alcohólicas era la prohibición. 

Uruguay aparece como pionero en casi todo, al menos en Latinoamérica: en abolir la esclavitud, aprobar la enseñanza laica y el divorcio, otorgar el derecho al voto a las mujeres (1927), en entregar a cada alumno de primaria una computadora (a partir de 2009), legalizar la prostitución. La lista puede alargarse en cualquier momento porque la “garra charrúa” no tiene límites.