Cine

Un imperio llamado Roma

Septiembre 2019
Star News - Un imperio llamado Roma

La nueva película de Alfonso Cuarón no solo es una fotografía de la sociedad mexicana, sino un parteaguas en la industria del cine y los nuevos medios digitales a nivel internacional.

Con la película Roma el cineasta mexicano Alfonso Cuarón ha cosechado todos los premios imaginables de alto y bajo perfil. Durante meses ha sido tema de conversación entre el público que la ama (me incluyo) y los que de plano dicen que no les gustó, no terminaron de verla o piensan que “no tiene ningún chiste”.

A estos últimos no los culpo, pues en su sensible y profunda exploración de una realidad mexicana heredada de 300 años desde la Colonia y el mestizaje que integra el complejo mosaico demográfico de nuestro país, Roma también es una confrontación particularmente incómoda y a nadie le gusta que lo enfrenten con sus propias conductas reprobables.

Como el propio Cuarón me comentó: “conductas de las que no estoy orgulloso”. Somos un país racista, esa es la realidad.

Roma marca un parteaguas en la historia del cine mexicano, pero sobre todo en la forma en que se distribuyen y exhiben las películas hoy en día, forma que ha cambiado radicalmente con el posicionamiento de las plataformas digitales, en este caso Netflix, y que llegaron para quedarse.

Los monstruos de la exhibición cinematográfica tendrán que negociar nuevas reglas, les guste o no; los festivales de cine como Cannes, Berlín, Venecia, así como los premios más importantes como el Oscar, el Globo de Oro, los sindicatos y las academias de cine en general, tendrán que entrarle a las nuevas condiciones del jugosísimo negocio de producir, distribuir y exhibir películas en los consorcios multimillonarios de la industria, pero ahora mediando las plataformas digitales que entran al juego en plan protagónico.

El año 2018 fue uno muy mediano en lo que concierne a la producción cinematográfica en los Estados Unidos. Independientemente de su innegable calidad artística, Roma no tenía contendientes poderosos.

Y si a eso añadimos la fuerza con que Netflix lanzó la película que tuvo un presupuesto de casi 17 millones de dólares —mucho para una cinta mexicana; poco para una norteamericana—, se concluye que el momento histórico fue el ideal para que Roma se alzara con todos los premios.

Cuarón explora su infancia, que se parece a la de usted, a la mía, a la de millones de mexicanos, y desarrolla un relato impecable, desde el corazón, en el que nos hace observadores de la intimidad de una familia, de sus penas y alegrías. Roma toca las emociones, conmueve, y eso es lo que muchos cineastas quisieran lograr.

Sigo pensando que no hay como una sala de cine, a oscuras y rodeados de extraños, en la que somos los “rehenes” de las imágenes y sonido que vienen de la pantalla. Para mí esa es la condición óptima para ver una película.

Pero la balanza de los millones se está inclinando al streaming que permite más seguridad a los inversionistas de una película, sin correr el riesgo de lo impredecible que es la respuesta del público en la taquilla.

Tiempo de cambio. Ha llegado con paso firme, el “imperio” de las plataformas digitales.