Murrieta

Un guerrero de los ruedos

Heriberto Murrieta / Noviembre 2021
Star News - Un guerrero de los ruedos

Arturo Macías ha llegado a 500 corridas toreadas desde que recibió la alternativa el 7 de mayo de 2005 en su tierra natal. 30 festejos por año, buen promedio. Medio millar de noches de insomnio, medio millar de paseíllos y no pocos percances. Ha toreado más que célebres toreros como Luis Castro 'El Soldado', Jesús Solórzano, Carlos Arruza o Manuel Capetillo.

 

Recuerdo especialmente algunas de sus triunfales comparecencias en la Plaza México, donde puso de manifiesto su carisma, su valor y su entrega total. Rivalizó con el mismísimo José Tomás, referente del toreo moderno, a pesar de los meses que pasa en el ostracismo. En el ruedo capitalino, el de Galapagar se le acercó para felicitarlo en voz baja y expresarle su deseo de que otros coletas mexicanos se le pusieran "al brinco" como lo había hecho él.

 

Si consideramos el decremento de la popularidad del toreo y la agudización de su crisis debido a la pandemia, el número de festejos acumulados por el carismático diestro de Aguascalientes es muy respetable. Más, si nos detenemos ante su situación particular.

Tras recibir una grave cornada en el cuello en 2017 en la Monumental de Aguascalientes, el llamado 'Cejas' sufrió otra de grave consideración dos años después en la plaza de Las Ventas de Madrid. En el coso titular del mundo, un toro de la ganadería sevillana de Pallarés le causó una herida de 25 centímetros, le destrozó la pantorrilla derecha y el músculo tibial anterior, le contundió el nervio ciático y le fracturó el cuello del peroné. La consecuencia: inmovilidad del pie derecho. Arturo sintió de inmediato que el torazo aquel le había hecho mucho daño.

 

A partir de entonces, el torero hidrocálido se ha tenido que someter a durísimas rehabilitaciones que han puesto a prueba, por enésima vez, su férreo carácter, su voluntad indeclinable y el mármol de su valor. Incluso ha requerido utilizar un aparato ortopédico por debajo de la taleguilla, un incómodo mecano de tornillos y otras piezas metálicas. Qué difícil ponerse delante de un toro cuando el pie no recibe la señal del cerebro para moverse.

 

Con Macías queda plenamente confirmada la fuerza de la vocación. Nació para ser torero. Vive "en torero" todas las horas del día. Y como tal quiere morir. En cada tarde da testimonio de entereza y afición. El toreo le viene en la sangre, pues su padre fue juez de plaza y aficionado práctico. Luego crecería en los tentadores tentaderos de las ganaderías.

 

Su tauromaquia, en un principio arrebatada, ha ido ganando en reposo y gusto. Para muestra, su saboreada faena a un buen toro de José María Arturo Huerta en el coso metropolitano en noviembre de 2018.

Nueve salidas a hombros en la Plaza México respaldan con solidez la brillante trayectoria de uno de los matadores nacionales más importantes y representativos de los últimos años.