Reportajes

Soy la mamá del bebé que lloró durante el vuelo

Patty Becerril / Septiembre 2019
Star News - Soy la mamá del bebé que lloró durante el vuelo

Algunos consejos para viajar con pequeñitos

Hoy en día es muy común volar con niños pequeños. Por una parte, cada vez existen más rutas a donde viajar y más accesibles, y por otra parte, con el tiempo ha aumentado el número de mamis multitaskers que balancean la maternidad junto con su vida laboral, quienes muchas veces tienen que viajar con su bebé.

Igualmente, hay cada vez más familias conformadas por miembros originarios de diferentes ciudades, como la mía. Por eso nuestra hija ha viajado a visitar a los abuelos por lo menos una vez al año desde que nació.

Sea cual sea el motivo, viajar con bebés es maravilloso, pero también todo un reto.

La primera vez que viajé con mi pequeña tenía dos meses; tan chiquitos son los mejores viajeros.  Recuerda que la conexión madre-bebé es muy fuerte y si estás nerviosa, tu hijo lo siente, así que lo mejor es estar tranquila.

Su segundo viaje fue a los diez meses. Esa vez me preocupaba que no fuera a quedarse quieta durante el vuelo porque ya sabía gatear, pero con una buena dotación de juguetes didácticos, compactos y que no hacen mucho ruido, logré mantenerla entretenida.

Fue entonces donde aprendí algo que me ha servido hasta ahora, a sus 5 años de edad: un niño entretenido, será un buen viajero.

A su año dos meses fue su tercer viaje en avión. En esa ocasión, el hecho de que ya supiera caminar y que debíamos tomar dos vuelos, con una escala de seis horas, me preocupaba un poco.

Me preparé lo mejor que pude con muchos pañales, galletas y papilla, biberones llenos de agua, jugos, muchas toallitas húmedas, una mudada de ropa, su colchita y peluche favoritos. Pero por más preparada que viajemos, habrá ocasiones donde nada pueda evitar el llanto del bebé.

Eso lo aprendí en aquel viaje, donde todo había marchado bien hasta el segundo vuelo. Se durmió antes del despegue, aunque solo por media hora. Después se despertó irritada y en esa ocasión nada funcionó, ni los juguetitos, ni las galletas, ni el jugo.

En esos momentos recordé lo que me dijo mi esposo “sé que harás todo lo posible para que la niña no llore durante el vuelo, pero si llora, no te preocupes, solo es una bebé”. Esa frase me hizo mantener la calma. Bajamos del avión y al ver a los abuelos, a pesar del agotamiento físico y emocional, supe que todo había valido la pena.

Es importante conocer la personalidad de nuestros hijos y facilitarles las mayores comodidades posibles al momento de viajar. Sin embargo, muchos factores que pueden irritarlos —clima, tiempo, cansancio, los oídos tapados al volar— no dependen de nosotros y lo único que nos queda es tener mucha paciencia y esperar la llegada a nuestro destino.