Columna de Kasia Wyderko

¿Ser creyente alarga la vida?

Septiembre 2019
Star News - ¿Ser creyente alarga la vida?

Estudios médicos y científicos han relacionado la fé con la buena salud

Estoy revisando las páginas de Internet dedicadas a los santos protectores contra todo tipo de enfermedades. San Peregrino aparece como el patrono más eficiente para los que padecen de cáncer y SIDA.

En un sinnúmero de idiomas leemos oraciones a Peregrino, que en el siglo XIV, en su natal Italia, quedó curado de cáncer tras una noche de rezos a Dios y a la Santísima Virgen. El milagro le otorgó fama, que ha ido cobrando fuerza en los últimos años.Su sitio web se ve desbordado por plegarias para obtener la sanación de los seres queridos, como “Que mi papa deje de sufrir de la próstata, que mi abuela recupere la memoria y que los riñones de mi marido funcionen correctamente. Te amo. Amén”.

Para las causas imposibles, tenemos a San Judas Tadeo o a Santa Rita. Sus buzones están a reventar de rezos y súplicas.

Durante mi visita a Rennes, la capital de la región de Bretaña, un amigo doctor con 25 años de experiencia profesional en el hospital local me dijo al oído que las personas creyentes ostentan una estructura psicosomática más sólida que los ateos.

Se basa en sus propias observaciones, de las que teme sacar conclusiones irrefutables porque —asegura— no ha aplicado ningún método de trabajo de investigación y no le gustaría pasar por un charlatán. No tiene que temerle a nada, sus lúcidos reparos recibieron el aval de las investigaciones más serias sobre el tema a nivel planetario.

Un grupo de científicos de renombre de la Universidad de Ohio, Estados Unidos (deben ser objetivos ya que casi todos se declaran ateos), demostró basándose en los obituarios de más de 1,000 personas, lo que muchos intuían, que la religión cura no solo el alma, sino también el cuerpo.

Sostiene que los creyentes viven en promedio cuatro años más que los que no tienen ninguna creencia religiosa, tal vez porque participan más en actividades sociales y llevan el estilo de vida más saludable. Pero hay que tomar en cuenta muchos otros factores.

Otro estudio muy serio, el del Harvard T.H. Chan School of Public Health, llegó a la conclusión de que asistir a los oficios religiosos una vez a la semana reduce un 33% el riesgo de muerte por cáncer o enfermedades cardiovasculares. Una correlación a primera vista sorprendente que gana cada vez más adeptos entre los estudiosos más serios, muchos de ellos agnósticos acérrimos.

Resulta que los practicantes usan menos oxígeno y es raro que caigan en depresión ya que presentan una corteza cerebral más gruesa. Gracias a la sensación de júbilo que les proporcionan las experiencias místicas, afrontan la vida con una envidiable ligereza. Su metabolismo funciona mejor porque —indican los expertos— han superado la fobia a la muerte. Además, se muestran más protegidos ante la artritis reumatoide.

Las cifras francesas le dan la razón a los estudios citados más arriba. La esperanza de vida en las regiones galas de Alsacia, Bretaña o en el País Vasco —las que cuentan con la mayor proporción de creyentes— tienen una esperanza de vida tres o cuatro años superior a la media.

¿Podríamos sustituir la fe por medios seculares fácilmente accesibles, como el yoga, meditación o el veganismo? La ciencia aún no da su veredicto sobre el tema.