Columna de Kasia Wyderko

París se queda sin parisinos

Septiembre 2019
Star News - París se queda sin parisinos

Mientras que la Ciudad Luz es uno de los destinos preferidos para los turistas más adinerados, la calidad de vida se ha vuelto incosteable para los franceses de clase media que desean vivir en la capital gala

“No poder prescindir de París marca la ignorancia, dejar de amarla es signo de decadencia”. Esta célebre frase sobre la Ciudad Luz salida de la pluma del gran novelista francés Gustave Flaubert hace un siglo y medio parece estar perdiendo vigencia.

Todo por culpa de la carestía —más que insolente—, el creciente estrés en la vida cotidiana, incomodidades, impuestos por las nubes que no siempre se ven reflejados en los servicios; sin olvidar el miedo a los atentados y la añeja tradición de protestas callejeras que a menudo llenan la llamada “capital mundial del glamour” de gas lacrimógeno, balas de goma de los antidisturbios y columnas de humo generado por la quema de barricadas por parte de los manifestantes más radicales.

Hoy prescindir de París, lejos de denotar ignorancia, es para muchos parisinos signo de sentido común. En una de las urbes más densamente pobladas de Europa (2 millones en la corona de la capital) un hervidero de almas robotizadas corre cotidianamente de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin apenas poder levantar la mirada hacia los monumentos más emblemáticos de esta ciudad que cada año arranca suspiros de casi 34 millones de turistas.

Sí, lógicamente estamos frente a la ciudad más visitada del mundo. Sus bellezas, encantos y atractivos no necesitan mayor presentación. Nadie lo puede negar, París es un lugar con hermosuras infinitas modeladas por el curso de la historia, museos espectaculares y emocionantes vistas del Sena.

Solo que, lo que hasta hace poco aparececía como virtud, la jugosa industria de la masificación turística se está convirtiendo en un enorme estorbo.

La “invasión” de visitantes foráneos ha vaciado los barrios históricos de sus habitantes y de su autenticidad, además ha disparado a niveles insospechados los precios de las viviendas y generado problemas de convivencia. El problema no son los turistas, sino la gestión de París como un gigantesco negocio; una especie de “ciudad-museo-hotel”.

Las cifras hablan por sí mismas. El Instituto Nacional de Estadísticas alerta que cada año abandonan la capital gala 12 mil personas. Esta tendencia seguirá al menos hasta 2025. Los desorbitantes costos de alojamiento han empujado al exilio en la concurrida periferia o a otras ciudades del país a más de 60 mil parisinos, solo en los últimos cinco años.

Para rentar un “microalojamiento” de 10 metros cuadrados en un séptimo piso sin elevador tendría usted que desembolsar, estimado lector, la módica suma de 800 dólares. Por el mismo precio podría vivir en un departamento de dos recámaras en las afueras de París, sin estrés y rodeado de la naturaleza.

En cuanto a la venta, la cosa se pone aún más dura. Resulta que el metro cuadrado de una vivienda parisina sale en promedio por encima de 12 mil dólares, el doble de lo que costaba en 2007. Y seguirá creciendo, porque “París siempre será París”, principalmente para la gente forrada de dinero.

Antes de escribir estas líneas me tomé un café en la Avenida de los Campos Elíseos, el epicentro para el turismo. Me cobraron 12 billetes verdes; me quedé sin habla.

¿Qué futuro te espera, mi amada París?, ¿te convertirás en un parque de atracciones para los ultrarricos o un desmesurado escenario de cine?