Vuelo y estilo

Pancho Villa y sus Aviones A la Orilla

Jesus Nuñez / Enero 2022
Star News - Pancho Villa y sus Aviones A la Orilla

En febrero de 1914, Pancho Villa adquirió en reventa la escuela de aviación John Bevins Moisant, junto con sus 3 primeros aviones Blériot, con los que dio vida a la fuerza aérea de la División del Norte, en un esfuerzo por recuperar territorios como Torreón y la zona de la Laguna en poder de Victoriano Huerta.

 

A diferencia de Álvaro Obregón y Venustiano Carranza, la realidad es que a Pancho Villa no le interesaban en lo más mínimo los aviones como parte de su estrategia de guerra y mucho menos viajar en ellos para combatir desde el aire posiciones enemigas. No olvidemos que el precio del noviciado lo cobraron pilotos al intentar aterrizar en terrenos inhóspitos, como Jack Mayes, a quien se le apagó la máquina de su bimotor Curtiss y chocó con un muro de adobe mal ubicado en el aeródromo de Aguascalientes, en presencia del Centauro.

 

Hombre bragado sin temor a las balas, forajido, líder revolucionario y siendo él mismo su principal promotor de imagen ante el pueblo y medios de difusión —sobre todo estadounidenses—, Doroteo Arango ni el intento hizo por abordar alguno de sus aeroplanos, vaya, ni siquiera el Curtiss bautizado en su honor como Pancho Villa para no compartir el terror que se apoderaba de sus Dorados convertidos en alumnos de los pilotos norteamericanos.

Voluntarios a fuerza, volaban una vez y jamás fueron persuadidos de continuar el aprendizaje ni bajo amenaza de fusilamiento. Decían los navegantes extranjeros que algún espíritu demoniaco se apoderaba de los aprendices por tanto vómito, blasfemia y mentada de madre que proferían durante el adiestramiento en el aire y por el súbito cambio de actitud cuando al aterrizar parecieran expertos adalides del aire ante sus compañeros, curiosos preguntones sobre la experiencia de volar.

 

No era poseedor de una mente privilegiada pero sí reconocido por sus inusuales estrategias en el campo de batalla, Pancho Villa minimizaba la utilidad de las aeronaves sin darse cuenta de que solamente mostraba su total ignorancia respecto al comportamiento de la aviación. Obcecado por sus ideas y la cerrazón generada por ignorancia cultural y militar, no podía entender por qué la neblina obligaba a los aviones a permanecer en tierra mientras él cabalgaba largas distancias sin mayor contratiempo sobre 7 Leguas o alguno de sus corceles favoritos.

 

Porque no era lo mismo derrapar un caballo frente a sus Dorados al pasar lista de presentes, desmontar al galope o dejarse caer de un corcel para no ser alcanzado por fuego enemigo, que agarrarse a balazos de aeroplano a aeroplano con rifles o pistolas entre pilotos de ambos bandos sin hacerse daño, agotando ambos las cargas de sus armas y el combustible, para luego despedirse agitando las manos en señal de "hasta luego".

 

Aquellos primitivos aeroplanos despertaron el asombro de los lugareños en las poblaciones a donde llegaban sin ganarse la confianza de José Doroteo Arango, ni de Pancho Villa, como tampoco del Centauro del Norte, tres personalidades en una sola persona que jamás, siquiera para la foto, subió a una rudimentaria aeronave de aquellos primeros tiempos de la aviación.

 

Las diferentes versiones cuentan que aquella frase de: "Ahí viene Pancho Villa, con sus viejas a la orilla" obedecía a su fama de mujeriego, pero otra historia dice que su escolta era encabezada por dos mujeres marchando siempre a sus costados. Como sea, es claro que jamás se pudo referenciar a la aviación revolucionaria como: "Ahí viene Pancho Villa, con sus pilotos a la orilla".