Viajes

Orizaba; un puente al pasado.

Rafael Vázquez / Agosto 2021
Star News - Orizaba; un puente al pasado.

Dicen las leyendas que en las noches todavía se escuchan en el Cerro del Borrego las voces de aquellos que cayeron un 12 de Junio de 1862.

 

Traicionados por uno de los suyos que reveló su ubicación, los soldados mexicanos fueron atacados por el ejército francés que se encontraba parapetado en sus faldas y demolió -casi hasta sus cimientos- un pequeño fuerte construido en la cima. Todavía se pueden visitar sus ruinas hasta el día de hoy.

Muchas ciudades pueden presumir de ser cosmopolitas y estar abiertas para aquellos que quieran forjar un futuro, pero cada vez son menos los lugares que pueden ofrecer un pasado vivo y latente, justamente eso es la histórica Ciudad de Orizaba.

 

En sus calles, angostas y coloniales, se respira la nostalgia; quizá son sus 32 puentes que atraviesan la ciudad  o puede ser la ausencia total de basura que rememora una época en la que todavía el plástico no era la moneda de cambio común, sea lo que fuese, sus fantasmas y relatos transitan al lado del turista.

 

Su principal atracción también es un panóptico de todas las que posee; el teleférico que surca sus aires está enclavado junto al precioso edificio de la municipalidad que, por cierto, resguarda el único mural que Orozco realizó en el sureste mexicano.

 

También esa ubicación permite el fácil acceso al Paseo del Río que cuenta con monos, tortugas, lagartos y jaguares en su ribera y del otro lado, tiene murales artísticos en su guarniciones que flanquean un río color chocolate que es alimentado por el deshielo del volcán Citlaltépetl.

 

A unas cuantas calles de ahí está la Alameda Francisco Gabilondo Soler (Cri Cri); ahí se encuentran esculturas de sus famosos personajes, se puede patinar, comer alguna garnacha y hasta disfrutar de un espacio para mascotas bajo el resguardo de sus cientos de árboles frondosos y las canciones de la infancia que muchos de nosotros atesoramos.

Es también una experiencia sensorial recorrer el Palacio de Hierro, el máximo exponente nacional de la arquitectura Art Nouveau; una construcción que trajeron tornillo a tornillo desde Bélgica hace más de cien años y que actualmente alberga varios museos.

 

A sus espaldas se puede visitar el Museo de las Leyendas, que recopila los relatos y los encarna en dioramas tan detallados que vale la pena dedicarle un buen rato en su visita.

 

El clima agradablemente templado es propicio para sentarse en cualquier parque y observar la vida de un pueblo mágico, ahora convertido en ciudad, que valora sus raíces y se enorgullece de ellas, al final de cuentas Orizaba es como la casa de la abuela (esto es un guiño a la Sra. Sarita García, oriunda de esta ciudad) y cualquier foráneo rápidamente se siente acogido por la hospitalidad inmejorable y una gastronomía asombrosa que tienen que conocer.