Columna de Fernando Schwartz

Moscú 1980, un parteaguas en mi carrera

Septiembre 2019
Star News - Moscú 1980, un parteaguas en mi carrera

Volviendo al anecdotario en este número de Star News, les comparto un capítulo inolvidable en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.

En aquel entonces existía la Unión Soviética, hoy desaparecida, y no era una cita fácil de poderse organizar. En febrero de 1980 volé por vez primera en mi vida a Europa, junto con el prestigiado periodista Félix Cortés Camarillo para realizar reportajes especiales previos a la cita del verano.

Nuestro camarógrafo era el maestro Rodolfo Colorado y a través de la línea área oficial soviética emprendimos el viaje vía Ámsterdam a territorio moscovita.

Frío intenso, mes de febrero, visita a Estadios Olímpicos, al Bolshói, a la imponente Plaza Roja, al Mausoleo de Lenin, a la Catedral de San Basilio y aprendiendo mucho de historia con un hombre culto y de mundo como lo es Félix.

Fuimos al circo, a la Torre Ostánkino, donde estaba la televisora oficialista y muchos lugares más, sirviendo este preámbulo para lo que vendría en verano y que por ello relato este breve pasaje de febrero.

Acercándose los Juegos y con el boicot de Estados Unidos y varios países más por la invasión soviética a Afganistán, Televisa determinó que no transmitiría los Juegos, pero enviaría a reportear a una persona de información general y a uno de deportes.

Por los primeros fue electo Guillermo Ortega Ruiz y por los segundos un servidor, así que la misión era estar en los Olímpicos en cobertura alterna pero estos no serían transmitidos, siendo que en Moscú seríamos apoyados por la OTI (Organización de la Televisión Iberoamericana), que presidía Don Guillermo Cañedo y operaba un genio de la televisión como fue el Ingeniero Victor Rojas.

En Moscú conocí a José Ramón Fernández, cabeza de Imevisión, quien me invitó a cenar noches previas al inicio del evento, ofreciéndome toda la ayuda que necesitara, ya que ellos sí estarían transmitiendo los Juegos.

Esta cena la recuerdo como si hubiera sido ayer, siendo la primera vez que estaba con el icono de la TV deportiva en México como lo es Joserra. Un día antes de la inauguración, Don Emilio Azcárraga Milmo determinó que Televisa sí transmitiría los Juegos, siendo entonces que al día siguiente en la inauguración, junto con Guillermo Ortega, fuimos al Estadio Olímpico de Luzhnikí.

La orden fue clara, que Ortega y Schwartz sean apuntadores de Jorge Berry y Juan Dosal, quienes relatarían desde México la ceremonia inaugural. Cuando esta llevaba aproximadamente 20 minutos, cambió la orden, ya que teniendo dos personas allá, era mejor relatar el evento desde el mismo lugar de los hechos, siendo que así que Ortega y Schwartz tuvieron la misión de llevar la transmisión.

Vaya oportunidad de oro; a penas contaba con 20 años de edad y son esas que las tomas o las dejas. Como Dios nunca me abandona, llevaba en el bolsillo del saco un libro en español de Moscú Olímpico que me sacó de apuros en ese cambio de órdenes.

De ahí llegaron 16 días de intenso trabajo; 16 días para cubrirse de gloria y poder mostrarse. Por la diferencia horaria con México, en las mañanas de Moscú salíamos a reportear con una cámara de cine para realizar diversas entrevistas, y a partir de las tres de la tarde —que ya había amanecido en México— nos dedicamos a meternos a una cabina de 4 por 4 a relatar todas las disciplinas deportivas, además con la responsabilidad de indicarle al técnico soviético a señas, el deporte que queríamos nos pusiera en la pantalla.

Así, a lo largo de estos Juegos relatamos de todo, con el auxilio de colegas en México, pasando toda clase de acontecimientos que los tengo en la mente como si hubieran sido ayer.

Por ejemplo, un día en voleibol se enfrentaron la Alemania Federal y la Democrática. Yo imaginé la primera vistiendo de azul y la segunda de rojo; todo el primer set lo narré al revés, porque ese día la Federal fue roja y la otra azul.

Por casualidades del destino, me tocó ser espectador del atraco a Carlos Girón, repitiendo el clavado del soviético Portnov, quien se quejó del ruido en su ejecución y por ende Carlos se quedó con la medalla de plata. A su vez, me tocó relatar la desaparición de Daniel Bautista, quien entró primero en la marcha de 20 kilómetros y saliendo del subterráneo ya no estaba porque fue eliminado a oscuras de la competencia.

Fueron unos Juegos especiales, con el tremendo duelo británico de dos grandes como Sebastian Coe y Steve Ovett, la increíble atleta alemana demócrata Marita Koch, Nadia Comăneci (la reina de Montreal 76 que cuatro anos después estaba en Moscú) y el momento inolvidable de la Clausura, cuando el oso Misha, escenificado a través de cartones multicolores en la tribuna, soltaba lágrimas en el adiós de Moscú al mundo tras la cita olímpica de 1980.

Unos Juegos que me marcaron, que cambiaron el rumbo de mi carrera y que tienen un lugar muy, pero muy especial en el baúl de los recuerdos.