Columna de Fernando Schwartz

Maradona en México

Septiembre 2019
Star News - Maradona en México

Recordemos el pasado

Diego Armando Maradona llegó sorpresivamente a dirigir al equipo de Sinaloa. Su arribo cayó como anillo al dedo a tierras sinaloenses con Dorados y nadie esperaba que Diego levantara al equipo. Además, fue impecable la forma en que los sinaloenses manejaron la mercadotecnia en torno a su llegada.

Pues bien, con Maradona me ha tocado vivir grandes momentos que hoy les quiero contar a través de este escrito.

Mi primer contacto con Diego lo tuve en Chipinque, Monterrey cuando su equipo Argentinos Jrs. acudió a jugar a tierras norteñas. Viajé con la misión de entrevistarle. La espera duró 10 horas, pero el objetivo se consiguió sorteando la barrera que era su representante Jorge Cyterszpiler —ya fallecido— quien tenía la fama de cobrar por lo menos cinco mil dólares para dejar entrevistar al astro.

En un afán de lograrlo y no pagar, se me ocurrió preguntarle: “¿a poco entre paisanos nos vamos a cobrar?” —los dos profesamos el judaísmo— y mi puntada dio éxito; conseguí la entrevista sin pago de por medio. A partir de ello, Diego me reconocía donde me encontrara con solamente vernos al rostro.

En enero de 1982, llegó a la ciudad de México con Boca Juniors para jugar un partido amistoso contra el América. La orden de Jacobo Zabludovski fue categórica: “Ve al aeropuerto por Maradona y si regresas sin él, mejor no regreses”. Vaya motivación. El Boca Juniors llegó y el presidente Alberto Domingo fue un poco grosero conmigo. Vladislao Cap, que había entrenado en México al equipo de Jalisco, era el técnico y le pedí que me dejara acercarme a Diego para convencerlo. Él lo hizo y así logré decirle a Diego de la invitación.

Cuando el astro salió, le dije “¿Cuántos años tienes tú?” A lo que respondió que tenía 22 años; inmediatamente le comenté que esa era mi edad, y que así como él quería triunfar en la cancha, yo quería triunfar en lo mío; y que si él no iba, me despedirían. Diego se sensibilizó, aceptó y en un Mustang rojo del promotor Jorge Berlana nos fuimos al estudio con Diego y Vladislao.

Después de la entrevista los llevamos a Polanco, donde esa noche cenaría el equipo. Diego me dijo: “Me debes una y quiero conocer a Mariana”. Le respondí: “En México hay muchas Marianas, dime cual y con gusto te la presento”. Después de reír me dijo que se refería a la de ‘Los Ricos También Lloran’; al día siguiente Verónica Castro fue a dar la patada inicial del partido para que Maradona la conociera.

En ‘México 86’ me tocó verle en dos o tres ocasiones, pero una memorable fue en ‘Italia 90’. Diego fue a acreditarse en el Centro de Radio y Televisión; me comentó que si yo iba a la concentración en Trigoria, él me daba una entrevista. Fui y en pleno entrenamiento, por bromear, me aventó una calceta y al término de la práctica me invitó a pasar a la sala del hospedaje donde me dio la prometida charla; pasando por ahí, Carlos Billardo, su técnico, me dijo: “Usted es como la humedad; se aparece por todas partes”. Vaya halago para mi vocación periodística, persiguiendo todo lo que podía para servir a la audiencia.

Tiempo después, Diego vino a México y mi gran sorpresa fue que me llamó una noche para decirme que iría a Yuppies, lugar donde un servidor manejaba relaciones públicas; me comentó: “paso a cenar antes de irme a ver a Luis Miguel en concierto”. Diego cumplió y acompañado por su grupo, con un hombre que le hizo mucho daño como lo fue Guillermo Coppola, quien le representó durante muchos años, Maradona cenó en el local de la Zona Rosa y pasamos un momento muy agradable.

Así me tocaron algunas de las andanzas con el gran Maradona, que sin duda alguna ha dejado huella en las canchas por el futbol y que como ser humano cometió muchos errores que lo llevaron a la perdición, de donde ahora emerge para estar triunfando en el balompié mexicano.