Gastronomía

Los afrodisíacos de Casanova

José Sandoval / Septiembre 2019
Star News - Los afrodisíacos de Casanova

Cuando las delicias culinarias se funden con la seducción

El joven atractivo, culto y poseedor de un carisma que despertaba la envidia de los hombres y resultaba irresistible para las mujeres, explica a detalle un juego que funde la seducción con el placer culinario utilizando ostiones crudos: “Hay que succionarlos uno por uno, mientras la pareja lo sostiene entre los labios… y luego intercambiar lugares”.

Sin duda, Giacomo Casanova manejaba con destreza este tipo de juegos que le ganó de igual forma simpatías con las mujeres e iracundos enemigos. Casanova, la figura que simboliza el libertinaje y al amante por excelencia, nació en 1725 en la Ciudad de Venecia.

Se dice que su padre biológico realmente fue el noble Michele Grimaldi y su madre Zanetta Farussi, una actriz que lo dejó al cuidado de su abuela.

Más allá de su fama como seductor, fue un literato, alquimista, músico, político y, sobre todo, un extraordinario narrador y amante de las mujeres. Su vida lo llevó a frecuentar la corte de Luis XV y se dice que conoció a Mozart y Voltaire. Pero sobre todo, sus viajes le convirtieron en experto gastrónomo.

‘Histoire de ma vie’ (Historia de mi vida) es la obra autobiográfica conformada por dos gruesos volúmenes de 3,648 páginas, donde registró algunos de sus gustos culinarios.

Se desprende de la obra que su célebre “vigor” se debía a que desayunaba diariamente 50 ostiones crudos —lo cual es altamente improbable, aunque sí amaba este molusco—, así como al hábito de tomar chocolate espumoso antes de sus sesiones amatorias.

Si bien estos alimentos y otros tienen fama de afrodisíacos, la verdad es que no existen estudios científicos concluyentes al respecto. El cacao contiene aminas biogénicas, tiramina, feniletilamina y ácidos grasos similares a los cannabinoides que suponen la elevación de los niveles de serotonina, pero no hay estudios clínicos que respalden estos efectos de forma contundente.

Quizás el efecto realmente afrodisíaco de los alimentos es más mental que físico. Es el juego de texturas, aromas y un contexto de confianza para incitar a la pareja, compartir el placer de un intercambio de miradas o la complicidad en la preparación.

Manuel Vázquez escribió en su libro ‘Recetas Inmorales’ lo siguiente: “No se trata de buscarle tres pies al gato de una supuesta cocina afrodisíaca, sino de concebir el comer en compañía como una situación afrodisíaca en sí misma, sobre todo si la química de los alimentos se corresponde con la de los comensales”.