Turismo responsable

La tierra vista desde el cielo

Vicente Ferreyra / Octubre 2022
Star News - La tierra vista desde el cielo

Si está leyendo esto, y tiene la fortuna de ir en la ventanilla del avión, voltee y vea lo que nuestro país y nuestro planeta tiene para nosotros.

He pasado muchos años de mi vida trabajando en la conservación de los recursos naturales, y experimentando la belleza de la naturaleza, pero también me ha tocado tener de cerca la pérdida de nuestros recursos naturales, lo cual muchas veces no es tan evidente a simple vista.

Por ello, aquella famosa imagen llamada The Blue Marble de 1972, tomada desde la nave Apolo 17 en su misión a la Luna, vino a revolucionar la forma en cómo entendíamos y veíamos nuestro planeta, tan bello pero a la vez tan frágil, flotando ahí, en la inmensidad del espacio.

A pesar de mi miedo a las alturas y a volar, no pierdo oportunidad de siempre pedir ventanilla y observar desde una perspectiva diferente, el lugar en el que vivimos; siento que a veces, como personas nos hace falta extraernos de lo micro y ver desde más arriba en donde estamos y lo que sucede en nuestra casa común.

Y en ese sentido podemos ver cosas maravillosas, como las contenidas en el libro: La Tierra vista desde el cielo: una imagen aérea del planeta del fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, una verdadera joya que no pueden dejar de ver.

Pero también algunas imágenes realmente preocupantes como aquellas de la colección de la Nasa llamada Images of change, que nos muestran desde el satélite lo mucho que se ha modificado nuestra tierra y nuestra agua derivado de este gran reto que vivimos hoy: el cambio climático.

Ambas perspectivas son muy valiosas y necesarias cuando de cambiar nuestra manera de ser y de pensar se trata; la inmensidad de nuestros ecosistemas, aquella que nos hace sentir pequeños, siempre funciona como un aliciente para cuando queremos conservar aquello que aún nos queda, y que queremos dejarlo para las generaciones futuras, e incluso las presentes que tal vez no lo vayamos a ver más en algunos pocos años.

Pero también aquellos golpes de realidad son muy necesarios; mi última visión desde las alturas llegando a casa, en Cancún, fue una enorme mancha café que atraviesa los mares del Caribe hasta depositarse en aquellas playas que algunas vez fueron la envidia del mundo, y hoy parece que nuestros hábitos globales, regionales y locales las acaban poco a poco.

Así que la próxima vez que vean por la ventana, les invito a maravillarse pero también, más que preocuparse, a ocuparse de esa pequeña canica azul, que llamamos Planeta Tierra pero que debería llamarse Planeta Agua, y que es nuestra casa, en la que vivimos, de la que no podemos (aún) pensar en salir, y de la que todas y todos somos corresponsables.