Columna de Kasia Wyderko

¿Hacia el fin del dinero físico?

Septiembre 2019
Star News - ¿Hacia el fin del dinero físico?

La evolución económica con miras a la practicidad y seguridad, vislumbra en un futuro no tan lejano que las transacciones solo se realicen de forma virtual.

Los expertos más sesudos en psicología del gasto llegan a la misma conclusión: pagar con tarjeta de crédito nos atormenta menos y tiene efectos analgésicos.

Descubrieron que los compradores con plástico gastan en promedio el doble que los que llevan efectivo. Lo pusieron en claro David Wolman, autor de “The End of Money” y Drazen Plerec, profesor del prestigioso MIT de Boston. Basta observar el comportamiento de nuestros prójimos —y también a veces el nuestro— en los centros comerciales.

En efecto, psicológicamente no cuesta lo mismo pagar un par de zapatos de moda que valen 200 dólares poniendo sobre el mostrador billete sobre billete que hacerlo con un simple deslizamiento de una tarjeta por la terminal.

Todo indica que poco a poco avanzamos hacia un mundo capaz de funcionar sin dinero en efectivo. Habrá ganadores y perdedores. Entre los primeros figurarán los bancos tal y como los hemos conocido hasta ahora.

Los primeros beneficiarios serán las plataformas de pago y por supuesto los Estados que gastan sumas exorbitantes en la fabricación de billetes y monedas, su protección, su transporte, su gestión (solo Estados Unidos dedica a ello 150 mil millones de dólares al año).

Habrá otra gran ventaja para los gobiernos y las transnacionales: podrán conocer a la perfección nuestros hábitos de consumo, poner bajo la lupa millones de operaciones económicas y, por añadidura, acabar con el lavado, el crimen organizado o los falsificadores.

Pero cuidado, los detractores del universo sin efectivo contraatacan esgrimiendo argumentos de peso, el más convincente: en el mundo digital también proliferan los fraudes; se llaman ciberataques.

Curiosamente, el país más determinado a eliminar por completo el efectivo de su economía es Suecia, la misma Suecia que en el siglo XVII creó el primer billete moderno.

Desde el pasado octubre, una gran tienda de Ikea al norte de Estocolmo acepta exclusivamente el pago en plástico. La misma regla impuso el Museo ABBA en la capital sueca, dedicado al icónico grupo musical.

Muchas iglesias ven con buenos ojos el abono con tarjeta en su colecta de donaciones. En esta tierra escandinava, país miembro de la Unión Europea, solo el 1% del valor de todas las transacciones se mueve en cash, y los cajeros automáticos desaparecen poco a poco.

Nos anuncian que antes de 2025 la mayoría de los comerciantes suecos solo manejará el dinero de plástico. La vecina Dinamarca va en la misma dirección. Detrás de ella aparece en el horizonte Corea del Sur que también aspira al sistema “no cash”.

En Europa, donde de momento no más del 20% de la población muestra una preferencia por usar efectivo, ya se dejaron de producir billetes de 500 euros (600 dólares), demasiado asociados al crimen organizado, a los que solo unos cuantos pudieron ver de cerca.

Pero todavía hay en el planeta miles de millones de personas que guardan sus billetes y monedas bajo el colchón, en las botas y no conciben su economía sin el papel moneda, con su olor, su textura, su sonoridad tan excitante por momentos. En África o en Asia el proceso se complicará mucho más.

La gran pregunta ahora es: ¿cómo vamos a gratificar a los artistas callejeros, ¿cómo les vamos a pagar a los vendedores ambulantes, ¿ómo podremos ayudar a las personas que viven en la calle?, ¿tendrán que desaparecer?