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Flor Espinal: artesanía y color

Flor Espinal: artesanía y color / Octubre 2022
Star News - Flor Espinal: artesanía y color

Entre el clima cálido de Olinalá, Guerrero, el amor al arte, la pasión por las tradiciones y un conjunto de sentimientos nace Flor Espinal, quien junto a su esposo, Vicente Castillo ha continuado con la hermosa tradición de la localidad de las llamadas “cajitas de Olinalá”.

 

El taller es familiar y lleva más de 35 años.  Por parte del señor Castillo, es la cuarta generación que fabrica esta artesanía. Por su parte, Flor está encantada con su trabajo, “la emoción que siento cuando las personas me dicen que quieren mi mejor pieza, vale toda la pena, vale cada segundo invertido”, señala la artesana guerrerense.

 

La artesanía es única, se fabrica con materiales que se encuentran en la región, las cajitas se caracterizan por el aroma del lináloe, árbol del cual extraen la madera para fabricarlas.

Así comienza el proceso mágico de estas piezas. 

Dos miembros del equipo van a cortar la madera, la dejan secar de uno a dos meses, después la convierten en tablas y crean las cajas, una vez que están hechas llegan al taller de Flor, en donde proceden a curar las cajas, proceso que consiste en ponerle un insecticida para evitar las polillas, posterior a eso las resanan con pegamento y después las lijan.

 

Una vez lijadas, se barnizan con una mezcla hecha de aceite de linaza con chía, tierra blanca y tierra tecoztle, para después comenzar con la parte del diseño y la pintura, que está hecha de la piedra toctetl, la cual van a recolectar a la montaña, la ponen a coser al calor de las brasas, y una vez cosidas, las limpian y las muelen en el metate hasta que se haga una tierra finita, lo cual es obligado, si no la pieza se puede rayar.

 

El color a la tierra se lo dan con elementos naturales, en caso de que pueda extraerse ese color, y los que no, recurren a colorantes artificiales.

 

Para darle color a la caja primero aplican el barniz y después agregan la tierra y comienzan a tallar con las palmas de las manos para distribuirla en toda la pieza, una acción que a veces les provoca sangrado, pero el amor al arte las lleva a continuar. Al terminar, realizan el diseño con una pluma de ave y a veces le ponen una espina, así trazan las figuras que después serán rellenadas con la tierra de colores.

 

Ya que está terminado el diseño y relleno de colores, se limpian los sobrantes de tierra que cayó en el color de fondo. Y así termina la elaboración artesanal de cada pieza, está lista para llegar a deleitar las pupilas de la gente, y porque no, formar parte de una hermosa decoración o colección 100 por ciento mexicana, llena de vida y color.

 

 

 

Gracias a este maravilloso arte, Flor y su esposo han visitado varios países, en donde los reciben con los brazos abiertos y sus obras han sido un éxito.  “Me encanta viajar, porque aprendo, me motivo por la reacción de las personas al ver mi trabajo, regreso con más ganas”, señala Flor con entusiasmo.

 

Uno de sus proyectos a futuro es impartir talleres a quien quiera aprender dicho arte para que no se pierda y lo disfruten tanto como ella.

 

Cuando vemos una artesanía, pocas veces nos ponemos a pensar en el proceso que hay detrás, cuántas manos participaron, cuánto tiempo se invirtió y todo el amor con que fue hecha una sola pieza. Valoremos la artesanía mexicana y disfrutemos de ella.

 

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