Columna de Heriberto Murrieta

El vehemente Juan José

Septiembre 2019
Star News - El vehemente Juan José

Gran creador de relatos cortos, el escritor jalisciense además de ser todo un personaje literario era una persona carismática y admirable

Ya desde que era niño me llamaba la atención Juan José Arreola. Aparecía en la televisión, teatral, elocuente y culto, con su aspecto de duende, la nariz aguileña, el pelo blanco escarolado, las manos parlanchinas, sofisticado, algo cremoso. Usaba sombrero y una larga capa voladora.

Mi primer contacto directo con el maestro fue a través de la interacción que tuvimos en el resumen nocturno de televisión del Campeonato Mundial de Italia en 1990. Televisa tuvo la buena idea de incorporarlo para dar un toque diferente a lo estrictamente futbolero.

Jorge Berry, Jorge Sonny Alarcón y Antonio de Valdés lo acompañaban en el estudio de Televisa Chapultepec, mientras que yo hacía enlaces desde Roma. Al entrar yo al aire vía satélite, Arreola me complacía haciendo constantes y divertidas alusiones taurinas.

Naturalmente, al regresar de Italia lo quise conocer en persona. Platicamos en distintas ocasiones y hasta nos tomamos alguna foto —que nunca encontré— en los pasillos de la televisora presidida entonces por Emilio Azcárraga Milmo. Me atrapaba su vehemencia; era todo un personaje, un personaje genial.

A fines de 1993 le pedí que escribiera un texto sobre su afición a los toros para mi libro ‘Tauromaquia Mexicana, Imagen y Pensamiento’. La buena noticia fue que aceptó de inmediato; la mala, que tardó siglos en entregármelo.

Debo decir, en descargo del célebre escritor jalisciense, que periódicamente me mandaba adelantos escritos a máquina, con correcciones y agregados a mano, para demostrarme que estaba avanzando en el artículo.

Me llegaban por correo, a la usanza antigua, en papeles gruesos, ligeramente más grandes que el tamaño oficio, dentro de sobres traqueteados y amarillentos. “Tómese su tiempo, maestro”, le decía para no presionarlo, pero en realidad comía ansias porque la fecha de la impresión se venía encima.

Finalmente el texto llegó a tiempo, redondo, completito; una joya. Lo tituló: ‘A mí mismo me toreo’. En él describe su temprana afición a los toros en Zapotlán y algunas anécdotas de su vida en las plazas. Aquí, algunos fragmentos:

Soy católico y aficionado a los toros. Hace 50 años que no oigo misa ni voy a una corrida pero sigo siendo hasta el fondo de mi alma católico y torero, y durante una etapa muy importante de mi vida, la cruz del estoque fue la cruz de mi parroquia.

Ustedes no me lo van a creer, pero tiene que saberlo Heriberto Murrieta. Cuando yo nací gritó la partera doméstica (ya no recuerdo si fue doña Salud o mi tía Estéfana): “¡Victoria, este niño va a ser torero!”. Y todo porque yo salí dando una gran embestida y la comadrona confundió toro con torero.

Perdónenme todos ustedes, pero nunca sentí yo tanto la afinidad de vida o muerte, de pérdida o salvación, como en una plaza de toros, como en una de esas capillas donde los toreros rezan y se encomiendan de rodillas a la Macarena o la Guadalupana. Que conste, cuando después de una larguísima agonía murió Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, mi hermana Elena y yo rezamos todo un novenario.

Yo a mí mismo me toreo, de capa y de muleta, me doy puyas y puyazos, me pongo banderillas, pases por alto y de castigo. Yo a mí mismo me doblego. Pero basta de mí. Me doy, recibiendo, la estocada. Y de ribete, la puntilla. Punto final. 

Lamentablemente no asistió a la presentación de la obra en noviembre de 1994 en el Museo José Luis Cuevas del Centro Histórico de la Ciudad de México, pues se sentía un poco enfermo. Vivió 7 años más. Falleció en Guadalajara el 3 de diciembre de 2001. Prosa poética.

Arreola fue un gran charlista (él prefería ser llamado hablista) y sus cuentos cortos son realmente disfrutables, más si se escuchan con la narración del propio maestro y de Eduardo Lizalde, con su gruesa y bien modulada voz.

Les recomiendo ‘Confabulario’, ‘El Guardagujas’, ‘Apuntes de un rencoroso’, ‘Parábola del Trueque’ y ‘Bestiario’. Hoy recuerdo con cariño y admiración a Juan José Arreola al cumplirse el centenario de su nacimiento, pues vio la luz primera en 1918.