Vinos

El Origen de la Vid

Luis Miguel Auza / Septiembre 2019
Star News - El Origen de la Vid

El Cáucaso es la primera cicatriz de la civilización humana. Un territorio disputado por los dioses más poderosos que hayamos conocido; el lugar en el que Prometeo cumple su condena eterna, olvidado injustamente por sus cómplices humanos. Es la sagrada región por donde transitaron los pueblos que habrían de conquistar el mundo que ahora habitamos.

La historia del vino empieza en Armenia, la primera pieza en el enorme y complejo rompecabezas de la vid. Atrapada ahora entre las repúblicas de Turquía, Georgia y Azerbaiyán, más lejos de lo recomendable de los mares Negro, Caspio y Mediterráneo, tocando apenas con sus delicados pies el turbante de la siempre frágil frontera de la república islámica de Irán. Un país pequeño que se erige como depositario de los más antiguos vestigios de producción vinícola.

Ahora sabemos que la aventura del vino comenzó hace poco más de ocho mil años, gracias —en buena medida— a la incansable labor de un científico extraordinario, Gregory Areshian, arqueólogo y etnólogo egresado del Instituto de Ciencias de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y vicepresidente del Departamento de Antigüedades de la República de Armenia.

Fue durante una cálida tarde de verano del año 2012 cuando Areshian, a punto de retirarse a descansar, se topó con un sitio atestado de lápidas que, supuso, podrían formar parte de un cementerio.

Dirigiéndose al fondo del lugar identificó restos de semillas secas de la especie Vitis Vinífera, vestigios de lo que alguna vez fueron uvas frescas pisadas, algunas ramas de sarmiento petrificadas y residuos de vasijas de barro enterradas.

Realizaba trabajos de investigación en un pequeño sitio arqueológico en la provincia de Vayots’ Dzor, muy cerca de la frontera con Azerbaiyán, al pie de las montañas que conforman la región transcaucásica.

Un par de años después y gracias a la información obtenida, el Departamento de Arqueología Molecular de la Universidad de Pennsylvania en los Estados Unidos confirmó la hipótesis del científico, ratificando también el importante papel ceremonial que el vino jugaba en los ritos fúnebres de los antiguos pueblos armenios, pero sobre todo, la razón más importante de su presencia entre estas civilizaciones: su intenso uso medicinal.

Hoy en día, algunas empresas farmacéuticas han exagerado, sin fundamentos contundentes, los beneficios de ciertos componentes químicos naturales del vino, como es el caso del resveratrol, atribuyéndoles cualidades milagrosas.

La realidad es que el consumo moderado de vino será siempre la llave de la alegría.