Historias del mundo

Duchenne sonríe, aun con cubrebocas

León Pablo Bárcenas / Noviembre 2021
Star News - Duchenne sonríe, aun con cubrebocas

Como espectadores, imaginamos que tras la mascarilla o cubrebocas de la mayoría de los atletas de los juegos olímpicos de Tokio 2020 ­—celebrados en 2021— que ganaron una medalla y lograron subir al pódium, había una sonrisa enorme, una genuina sonrisa de triunfo. La bendición de Nice*, la buena victoria, por el esfuerzo ante el trabajo bien hecho y la satisfacción legítima.

 

Creímos ver esa muestra de alegría, sin fingir, porque los ojos también sonríen, y al hacerlo, no mienten. Si el gesto es sincero, Guillaume Duchenne nos enseñó que los ojos también sonríen.

 

Guillaume Benjamin Amand Duchenne nació en 1806 en Boulogne, Francia. Al mismo tiempo que se desarrollaba la fotografía como un gran invento, Duchenne tuvo la capacidad de intuir la gran ayuda que podrían dar las imágenes aplicadas a la medicina. A través de su libro "La expresión de las emociones en el hombre y los animales" escrito en 1872, compartió con Charles Darwin sus observaciones.

Como médico, realizó arriesgadas investigaciones con electricidad aplicada a pacientes con poca movilidad en alguna parte del cuerpo, así fue como muchos de sus experimentos quedaron registrados en fotografías que muestran cómo al paso de la corriente eléctrica, las expresiones del rostro se modifican en pacientes con parálisis facial o alguna otra anomalía neurológica.

 

En su momento, la aplicación de la electroterapia para la estimulación muscular, que tuvo como antecedente el descubrimiento de las corrientes inducidas por el químico y físico inglés Michael Faraday a mitad del siglo XIX, fue tomada como un buen chiste por parte de la comunidad médica francesa, pero al paso del tiempo y con los resultados de sus investigaciones, Duchenne fue demostrando cómo es que músculos y nervios se excitan con la corriente eléctrica. Si un músculo o grupo de músculos no se mueve, es porque, o no reciben el estímulo suficiente desde el cerebro, o están desconectados: una de sus conclusiones.

 

Duchenne se dio cuenta de que, al estimular eléctricamente los músculos de la cara, se podía generar una sonrisa. Así demostró que la sonrisa legítima, sin forzar, se debe al movimiento no solo de la boca y labios (sonrisa fingida), sino también a los músculos que rodean los ojos. La sonrisa espontánea inicia en el músculo cigomático mayor y menor que provocan que se eleven las comisuras de los labios y la contracción del músculo orbicular levanta las mejillas. En ese momento los ojos se rodean de muchas arrugas, grandes y pequeñas, que iluminan el rostro y transmiten la sinceridad del gozo y la alegría.

 

Cubrirnos la boca y nariz con la mascarilla o cubrebocas no impide que nuestras genuinas expresiones de gusto, ya sea al reencontrarnos con nuestros amigos, recibir un premio o estar contentos, sean emitidas y a su vez percibidas (prácticamente de manera inconsciente) con sinceridad y alegría. No te quites el cubrebocas: la sonrisa, uno de los gestos que nos hace humanos, también brilla por nuestros ojos.

 

*En la mitología griega, Nice es la diosa de la victoria.