Columna de Heriberto Murrieta

Vivencia madrileña

Septiembre 2019
Star News - Vivencia madrileña

Por unas horas, los cánticos ingleses transformaron el sonido tradicional de la ciudad de Madrid y la convirtieron en una extensión de lo que se vive cada semana en Londres o en Liverpool, cuando los Spurs y los Reds salen a escena en sus respectivas ciudades.

Sin lugar a dudas, la capital española estaba preparada para disfrutar un evento como la final de la Champions League.

El hecho de que la UEFA defina con anticipación la sede del duelo por el título de clubes más importante del mundo, permite que el encuentro sea vendido de diversas formas, por lo que el negocio queda plenamente garantizado, sin importar cuáles equipos finalmente se disputen “La Orejona”, el preciado trofeo de clubes del Viejo Continente.

Por toda la ciudad había pendones con anuncios del choque que enfrentaría al Tottenham con el Liverpool, en la segunda final inglesa en la historia del certamen, por lo que la invasión de los seguidores de ambos clubes garantizaba un ambiente fuera de lo común.

Es verdad que para los madrileños el duelo definitivo de esta edición no levantó la expectativa deseada y el desencanto podía sentirse, al no tener presentes a Cristiano Ronaldo y a Lionel Messi, los dos futbolistas que en gran medida llevaron al balompié español a la cima de Europa en los últimos años; pese a ello, el ambiente distinto podía palparse en cada rincón de la ciudad; desde La Puerta del Sol hasta la Plaza Mayor, pasando por la Gran Vía y la Puerta de Alcalá, sin dejar de lado las emblemáticas fuentes de Cibeles y Neptuno, que fueron resguardadas con vallas para evitar que una inminente celebración dañara sus estructuras.

Incluso en la Plaza de Oriente se instaló una réplica inflable del trofeo, para que los aficionados pudieran adentrarse más a una fiesta que año con año entusiasma a la ciudad que la alberga.

Tuve la oportunidad de llegar días antes del duelo, lo que me permitió vivir una vez más la experiencia de la Feria de San Isidro, en la legendaria Plaza de Las Ventas, donde Andrés Roca Rey, con una valerosa actuación, hizo ondear en los tendidos las banderas rojiblancas de su natal Perú, a la usanza de lo que posteriormente vi en el Wanda Metropolitano y en la ciudad de Madrid, gracias a los estandartes rojos del Liverpool.

El día del encuentro, lo que más llamó mi atención, además de la marea roja y blanca en las calles, fue la saturación de los bares, que no se daban abasto para atender a todos aquellos que lograron estar presentes en la capital española, sin tener acceso al escenario del Atlético de Madrid para presenciar desde sus tribunas el histórico enfrentamiento.

Recorrí al menos 10 de estos establecimientos en el barrio de Salamanca y curiosamente no todos mostraban en sus pantallas la previa del encuentro ni el juego mismo, ante la imposibilidad de contar con el sistema de cable o satélite que tenía los derechos para transmitirlo.

El lleno en el estadio estaba garantizado y la reventa también, dado que en este tipo de partidos es muy común que existan aficionados que, de última hora, echen su resto en pos de conseguir el acceso a esta inolvidable experiencia, por lo que no fue extraño escuchar que un solo boleto se ofrecía en el mercado negro en 12 mil euros —poco más de 250 mil pesos—.

Ante un calor incesante, las gradas del flamante escenario madrileño se poblaron, y aunque el duelo comenzó trepidante, gracias al penalti convertido por Mohamed Salah, poco a poco el marasmo se convirtió en el acompañante perfecto de un choque con alta expectativa, pero la falta de imaginación del Tottenham, junto con el evidente conformismo de unos Reds en ventaja, no permitieron ver el espectáculo anhelado en la cancha, aunque en la tribuna, los cánticos de uno y otro lado dieron el color necesario para que la fiesta no decayera, sobre todo el tradicional You’ll never walk alone de la parcialidad escarlata.

Al final, Divock Origi sentenció la victoria y la sexta “Orejona” en la historia para el Liverpool, por lo que Madrid no durmió en toda la noche con la celebración de los que nunca caminan solos.

El gran fin de semana en la capital española fue redondeado con una actuación heroica de Diego San Román, el novillero mexicano que se entregó al máximo, pese a que fue zarandeado feamente por sus dos ejemplares, pero en ningún momento se arrugó, se achicó, ni hurtó del cuerpo, sino que siempre fue hacia adelante y dejó una imagen de torero macho, con valor, al vivir momentos dramáticos en los que milagrosamente se salvó de una cornada.

Es verdad que la entrada baja considerablemente en cualquier plaza del mundo cuando se trata de una novillada, pero si algo caracteriza a Madrid es el hecho de que la presencia del novillo no deja de ser muy seria, lo que le da mayor crédito a la valiente actuación de San Román en Las Ventas.

Fue así como la experiencia vivida en esta ciudad ibérica se volvió inolvidable.