Ciencia

Un mundo invisible para el sentido común

León Pablo Bárcenas Clavel / Marzo 2020
Star News - Un mundo invisible para el sentido común

Las explicaciones de fenómenos diarios muchas veces no son sencillamente perceptibles

¿Qué tiene de común el sentido común? El lugar común que le asignamos a esta "cualidad" compartida por todos los humanos, es su práctica útil en la vida cotidiana con efectos a corto plazo, debido a que toma como base solamente la información que somos capaces de filtrar a través de los sentidos al momento de decidir.

 

Sin embargo, las grandes proezas de la ciencia y la tecnología no recurren al sentido común para la elaboración de teorías, leyes o demostraciones que, si bien parten del uso de los 5 sentidos, también existen infinidad de situaciones, procesos y estructuras en donde no son suficientes nuestros naturales receptores. Nos enfrentamos a un mundo de realidades invisibles, por lo limitado de estas capacidades sensoriales.

Así, el telescopio es una ampliación de nuestros ojos, los radares auxilian al oído y a la ubicación, o los sensores de humo sustituyen al olfato. Estos y otros aparatos desarrollados por la ciencia y la técnica nos llevan a conocer una realidad que, por ser muy grande o pequeña, muy rápida o demasiado lenta, pasa desapercibida, invisible.

 

Los movimientos de los planetas o el universo profundo implican dimensiones extraordinariamente grandes, requieren de complejas abstracciones para entenderlas, enunciar sus leyes y desarrollar explicaciones que nos permitan saber su comportamiento. 

 

De igual manera, la vida microbiana o la estructura de las partículas elementales —los átomos— nos remiten a un mundo diminuto, en ocasiones tan pequeño que solo por mediciones indirectas podemos determinar su existencia.

 

El crecimiento de un árbol milenario como el sabino o el ciclo de vida de una estrella, son procesos que ocurren a un ritmo tan lento que fácilmente sobrepasan la vida del observador humano. Para conocer sobre estos fenómenos que van muy despacio, se acude a las características que sí observamos ahora, para aproximarnos a su pasado y origen o anticiparnos a su comportamiento futuro. 

 

En contraposición, para comprender los movimientos de un caballo al galope o cómo un pianista realiza una veloz ejecución, la fotografía ultrarrápida nos ha descubierto los pormenores de este mundo invisible que corre aceleradamente frene a nosotros.

 

Estos pocos ejemplos del mundo invisible en que estamos inmersos, nos hablan de un conocimiento desarrollado durante los últimos 25 siglos encaminado a revelar y explicar las causas y consecuencias de los fenómenos naturales, algunos evidentes y otros no. 

 

Son los primeros pasos de una ciencia que se hace cada vez más sofisticada y más alejada del sentido común, sentido que el filósofo griego Parménides, en el siglo VI a.C. llamó "el corazón privado del latido de la verdad".

 

Yo me quedo con la versión de Ikram Antaki, antropóloga siria que vivió en México hace unas décadas, hasta su muerte: "El sentido común es el salario mínimo de la inteligencia". Aunque separados por este mundo invisible, ambos coindicen en que el sentido común no nos resuelve las cuestiones mayores, tan solo nos auxilia en lo inmediato, en el visible y limitado mundo de los sentidos.