Ciencia

Mensajes aromáticos

León Pablo Bárcenas Clavel / Octubre 2019
Star News - Mensajes aromáticos

El sentido del olfato, a veces olvidado, es considerado clave en la evolución y perpetuación de las especies

Un sábado por la mañana salí al pequeño patio del lugar donde vivo. Un fuerte olor a sudor me sorprendió y luego de asegurarme que no era yo el causante, me puse a husmear para encontrar de dónde venía ese particular hedor. Al acercarme a unas macetas con cactus, descubrí con sorpresa que tenían unas florecillas descoloridas. Miré más de cerca y la peculiar esencia se hizo por demás intensa. Las flores de mi jardín olían mal.

 

Acostumbrados a que las flores siempre deben tener olores agradables, la naturaleza también incluye en su variedad de aromas, aquéllos que son intensos y repugnantes a las personas pero que funcionan para atraer insectos —como el escarabajo carroñero— que gustan de estas fragancias y así polinizar sus flores.

 

El sentido del olfato en los humanos —y animales— ha servido para asegurar la supervivencia de la especie. En nuestra evolución, poco a poco fuimos incorporando la capacidad de discriminar los malos olores y así protegernos de ingerir alimentos que pudieran ser tóxicos o advertir el peligro de depredadores y otro tipo de amenazas. 

 

Un olor fuerte y desagradable produce asco, y con ello, como natural reflejo, gestos de rechazo como fruncir la nariz y el ceño, hacer ruidos de desagrado y en casos extremos, provocar el vómito. Todo ello es una importante señal para advertir a otros individuos que algún producto comestible, o alguna otra fuente aromática, puede ser tóxico o peligroso. El olfato nos protege como especie.

 

Los sensores olfativos se ubican en las cavidades de la boca, nariz y garganta. Una sección específica, el órgano vomeronasal, tiene la capacidad de detectar señales químicas de vital importancia para la reproducción: las feromonas. Los individuos jóvenes poseen un olor agradable al sexo opuesto.

 

Al igual que otras especies animales, algunos olores se intensifican en los días cercanos a la ovulación en las hembras con lo que se anuncia la fertilidad y la capacidad de engendrar a un nuevo ser. Esta serie de aromas integran un código de señales que funcionan más a nivel inconsciente; a veces elegimos pareja sin saber a ciencia cierta por qué y le llamamos "química".

 

Al paso de los años, después de los 30, pero sobre todo a partir de los 60, las grasas que de manera natural segrega nuestro cuerpo, se oxidan a mayor velocidad y producen una sustancia llamada 2-nonenal. Los japoneses le llaman kareishu, "el olor de los abuelos". 

 

Para los elementos jóvenes es un olor poco agradable que, sin embargo, juega a favor de la especie; es una forma de alejarlos de los mayores y evitar la reproducción donde uno de los participantes, el mayor, pueda pasar "errores" a su descendencia, ya que sus genes dejaron de estar en sus mejores condiciones para procrear un individuo sano.

 

El olfato siempre se ha considerado un sentido de menor importancia en comparación con la vista o el oído. Aun cuando se ha recubierto de capas de cultura, colabora de forma importante en la continuidad de la especie.