Tía Lucy

Magia

Luz Quijano / Septiembre 2019
Star News - Magia

Soy un gran árbol de ficus que fue sembrado, hace algunos años, por unos trabajadores en un hermoso jardín urbano. Poco a poco fui creciendo, mi tronco se tornó grueso y rugoso, las raíces, de manera silenciosa, fueron ocupando un gran espacio bajo las banquetas y mis ramas se elevan libremente.

Aunque me veas estático, en mis ramas existen muchas acciones; puedes asomarte y verás bichitos de diferentes especies, nidos ocupados por polluelos que están creciendo, tal vez un pequeño gusano distraído, alguna arañita tejiendo su red o hasta mosquitos en espera del atardecer para salir a buscar alimento.

Esto es mi mundo visible y me siento honrado de tenerlo, pero la verdadera magia está en lo que no ven, puesto que cuando todos duermen, me visitan las hadas pequeñas; ellas utilizan las ramitas para jugar y divertirse a lo grande.

Imagina qué espectáculo tan raro: en un solitario parque en medio de la oscuridad, un gran árbol lleno de color por dentro de sus ramas, moviendo su tronco como si fuera un ligero bombón de café y en el cielo; la luna, como callado testigo de nuestro gran evento nocturno.

Una noche, como siempre, estábamos de fiesta cuando sonó el primer grito: “Ayúdenme — escuchamos con claridad— Déjame en paz —expresó de manera enérgica una voz femenina—”.

Entonces la vi, era la jovencita más linda del rumbo y tenía problemas con su novio, un chico que se creía influyente; venían caminando y la llevaba fuertemente del brazo, ella se resistía y forcejeaba.

Así que no tuve otra alternativa, saqué una de mis raíces y la enredé en el tobillo del chico, quien al perder el equilibrio la soltó. Aproveché, saqué otra y la levanté como si fuera a pegarle, aunque no fue necesario ya que corrió de ahí verdaderamente aterrado.

Ella me miró sorprendida y aliviada: “No sé qué pasó, pero te agradezco infinitamente lo que acabas de hacer y por ello guardaré celosamente tu secreto; nadie más conocerá tu magia”. Lanzó un beso al aire y se alejó caminando pausadamente.

Así nació nuestra hermosa amistad. Cada tarde llegaba a platicar conmigo y aliviaba su alma de angustias. Un día cualquiera, se despidió con alegría pues partiría de casa de sus padres a buscar sus sueños y yo me sentí muy feliz.

Y aquí continúo disfrutando de los niños, del parque, del sol, del viento y por supuesto de las maravillosas hadas que me convierten cada noche en un árbol mágico, fantástico y luminoso.

Frase de la abuela: No te dejes llevar por las apariencias. Conoce el interior y puede que te sorprendas.