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Los tesoros del Mar de Cortés

Flor Velázquez / Enero 2020
Star News - Los tesoros del Mar de Cortés

La profundidad de los océanos esconde secretos que en la actualidad siguen sin ser revelados por completo. La flora y fauna que habita en ellos, a lo largo y ancho del planeta, maravilla a los habitantes del mundo exterior, quienes vivimos sobre tierra.

 

Sonora posee la llamada "pecera del mundo". Aquí, el Mar de Cortés es considerado el sitio con mayor diversidad marítima en el mundo. Zona protegida y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005, las profundidades de este mar esconden los ingredientes perfectos, la composición química necesaria, la temperatura y la presión para dar como resultado joyas invaluables. 

 

Pequeñas y de colores tornasolados, cada pieza es única. Las perlas mexicanas cultivadas en el Mar de Cortés son más cotizadas que las que se producen en China. ¿Qué las hace tan especiales? Su proceso artesanal de cultivo y extracción, cuyo objetivo es cuidar a la ostra y al ecosistema donde se producen. 

 

De forma natural, las aguas mexicanas de la zona norte del país fueron hábitat de ostras que cada determinado tiempo daban como resultado perlas. Sin embargo —como es bien sabido— durante la época de la conquista, el saqueo alcanzó extremos desfavorables para la existencia de este tesoro marítimo. 

 

Como resultado, la población de ostras de la zona llegó al borde de la extinción durante la primera mitad del siglo XX. Múltiples fueron los esfuerzos de algunos científicos por cuidar y reproducir la Concha Nácar Pteria sterna, pero la falta de presupuesto y de investigación adecuada mermaron los intentos. 

 

Fue hasta que tres estudiantes del Tec de Monterrey, como proyecto estudiantil, instalaron una granja e innovaron en un proceso de reproducción, crecimiento, injerto y extracción que lograron reproducir ostras y cultivar perlas. A diferencia de China, que produce anualmente mil 800 toneladas de perlas de río, en Sonora cada año se producen alrededor de 4 mil perlas de mar de forma artesanal, lo cual las hace más valiosas. 

 

El proceso

 

Lo primero que se necesita es la reproducción de las ostras nativas del lugar, para ello, se liberan millones de huevecillos en el mar para que estos sean fertilizados. Una vez ocurrido lo anterior, se convierten en larvas microscópicas que son arrastradas por la corriente marina hasta que se adhieren a un lugar ideal para crecer.

 

Las redes recolectoras colocadas en esta granja ofrecen la seguridad, parecida a la de un arrecife para que las microscópicas comiencen su proceso de crecimiento. 

 

Cada dos semanas son limpiadas a mano, una por una para evitar que diversos parásitos afecten su desarrollo posterior.

 

La Concha Nácar Pteria sterna requiere de dos años de cuidados para que alcancen su edad adulta y puedan ser sometidas a un proceso quirúrgico para implantarle un cuerpo esférico de nácar traído del río Mississippi. Este proceso dura como máximo un minuto para evitar la muerte de la ostra.

 

Luego del proceso de injerto, la ostra es regresada al mar por un año y medio más. Durante este tiempo, cubrirá el injerto con miles de capas microscópicas de nácar, como protegiéndose a sí misma de ese cuerpo extraño en su interior. Mientras más tiempo esté la ostra con el injerto, más gruesa y de mejor calidad será la perla.

 

La principal característica de las Perlas del Mar de Cortez es la belleza de tus tonalidades tornasol, así como el tamaño de estas, lo que las hace las más cotizadas del mercado. Cada mes de junio se realiza una cosecha de perlas con un interesante ritual en el que todas aquellas que no alcanzaron un tamaño o forma específico, se regresan al mar como ofrenda a la naturaleza y a sus procesos.