Vinos

Los elegidos

Luis Miguel Auza / Septiembre 2019
Star News - Los elegidos

On the sublime soil of our greatest vineyards, behind the Golden gates of these beautiful chateaux, Shakespearean tragedies play out every day. Isabelle Saporta (Vino Business)

Burdeos es, literalmente, la ciudad al borde del agua. Con su nombre fue bautizada la región de producción vinícola más famosa del mundo. La sangre que la alimenta circula sin cesar por los ríos Garona y Dordoña unidos en una especie de cópula líquida que termina su viaje al mar a través de ese bellísimo estuario conocido con el nombre de Gironda.

Atrapados entre los dos ríos, o colgados de sus costados y en poco menos de ciento veinte mil hectáreas, en sus viñedos se cultivan las uvas con las que se producen algunos de los grandes vinos de Francia.

En ese lugar se elabora vino desde el mismo día en que los romanos decidieron apropiarse de esas tierras. Mucho tiempo después y ya como parte del reino de Francia, empiezan a florecer sobre los antiguos pantanos de la zona más septentrional de Aquitania, los grandes castillos que ahora flotan sobre el océano verde de sus inmensos viñedos.

Hacia mediados del siglo XVIII y durante la Exposición Universal de París, se da a conocer la llamada Clasificación Oficial de Vinos de Burdeos, en el año de 1855. La intención original fue la de otorgar una especie de reconocimiento, no a los mejores vinos, sino a los productores con mejor reputación en el medio vinícola. Si el castillo era espectacular, qué mejor.

Y así es como aparecen los Grandes Cru, sencilla palabra francesa que en nuestro idioma puede traducirse como parcela, pero que en el lenguaje vinícola adquiere una dimensión muy diferente. En español castizo los conocemos como Grandes Pagos, interpretación que resulta muy afortunada porque alude a una parcela en la que se cultiva algo que entra al mercado, se vende y concede fama a sus propietarios.

Los Cru se agruparon en distintas categorías, que van desde el Premier Cru hasta el Cinquème Cru (Quinto), pasando por los segundos, terceros y cuartos cru, otra vez, según el prestigio del dueño del Chateau.

Y así tenemos, por ejemplo, a los Premier Cru más famosos: Lafite Rothschild, Latour, Haut-Brion y Mouton Rothschild, este último invitado muchos años después, en 1973, luego de una ardua labor de cabildeo del Barón Philippe de Rothschild, su propietario.

La clasificación es, hoy en día, un árbol de aspecto imponente, pero petrificado. A muchos de los vinos de la lista les sucede lo mismo que a aquellas familias que pretenden seguir viviendo de la fama de sus apellidos, o de los blasones de sus ancestros, sin hacer méritos propios para presumirlos.