Los cuentos de la tía Lucy

Los cuentos de la tía Lucy

Luz Quijano / Septiembre 2019
Star News - Los cuentos de la tía Lucy

Quin y sus amigos

Cuando él nació, los médicos le dijeron a Mirna, su mamá, que no viviría más de dos semanas, pues tenía las extremidades muy pequeñas, el sistema digestivo peligrosamente corto e inmaduro y muchos problemas en las vías respiratorias.

Dos días después estaba sentada en la banca de un parque, con su hijito en brazos, cuando llegó una mujer y sin más, le dijo: “Se ve que estás muy angustiada. Si es por este bebé, dámelo sin explicaciones y lo cuidaré como si fuera mío”. Mirna la miró por unos segundos, le dio el bultito envuelto en una sábana amarilla y se fue.

La mujer se quedó con el bebé, casi sin creerlo; lo primero que hizo fue revisar a su compañerito, sorprendiéndose al ver unos minúsculos brazos y piernas en un cuerpecito de tamaño normal, “Si Dios así lo quiso, bienvenido a mi vida” —exclamó—.

Su llegada a la hacienda “Los Tulipanes” fue tranquila; solicitó limpiar los corrales para poder estar cerca de su bebé. Pasaron quince meses y Joaquín comenzó a caminar, entonces decidió que la acompañaría a trabajar, así sería más fácil cuidarlo. Desde el primer día que entró a los corrales, el niñito se maravilló con los caballos; jamás fue lastimado.

Al cumplir 16 años y con apenas un metro de estatura, Quin había decidido dedicarse a cuidar de los caballos y así se lo hizo saber al administrador de la hacienda. Para su sorpresa, fue contratado para empezar a practicar y ser un jockey; se dedicó en cuerpo y alma al trabajo.

Cuando cumplió 18, debutó en una carrera local y ganó con una gran facilidad; a esta carrera siguió otra y otra y otra y muchas más, que ganaba gracias a su destreza, estatura y al gran amor que sentía por sus compañeros, los caballos.

Esto le trajo dinero suficiente para pedirle a su mamá que dejara de trabajar, pues él podía hacerse cargo ella; emocionada le dijo: “Lo acepto con agrado, pero debo contarte una historia. Si después piensas igual, seguiremos como siempre; si no, ya veremos”.

Y tranquilamente, le platicó como llegó a su vida; Quin la escuchó atento y respondió: “Ya lo sabía, en sueños me visita una mujer que me ha pedido perdón por dejarme, dijo que sentía pánico pues los doctores le dijeron que yo no viviría más de dos semanas. Le dije que me encontraba en el mejor lugar que podía haber estado, a tu lado y con los caballos”.

No hubo más que decir, se abrazaron convencidos que eran madre e hijo, unidos por un lazo indestructible.

Frase de la abuela: La vida es muy sabia y te coloca justo donde debes estar.