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Hermosillo, tierra del Rey de los Deportes

Diciembre 2019
Star News - Hermosillo, tierra del Rey de los Deportes

Nunca había ido a un partido de béisbol, es más, estoy casi seguro de que nunca había visto un juego de este deporte. Y es que, al igual que el norte del país, era algo totalmente ajeno a mí. Las reglas, la duración, los equipos; todo me parecía confuso y de cierta manera algo ajeno a nuestras costumbres, a nuestras tradiciones. No podía estar más equivocado. 

 

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en la trigésima edición del Congreso Médico de mi especialidad. Desde el año pasado, cuando anunciaron que la sede sería Hermosillo me fui formando ideas de lo que descubriría en Sonora, he de confesar que no conocía ese estado y francamente me sorprendió. La gastronomía, la inmensidad de sus paisajes, su cultura y, por supuesto su gente, dejaron en mí un gran sabor de boca. 

 

El segundo día de actividades del congreso, tenía como agenda social un partido de béisbol entre el equipo local los Naranjeros de Hermosillo en contra de su acérrimo rival los Tomateros de Culiacán. "Vamos un rato, total no le entiendo mucho" pensé equivocadamente.

En el traslado al estadio pude apreciar una ciudad joven y en crecimiento que presume orgullosa el estadio Sonora. "La casa del equipo más ganador de la Liga Mexicana del Pacífico y el equipo profesional con más títulos en México" anunció nuestro guía con el pecho inflado por la presunción.

 

Y por lo menos, con las instalaciones nuestro anfitrión no se quedó corto. Uno de los estadios más nuevos del país certificado por la MLB para poder albergar juegos de grandes ligas. Toda una catedral al béisbol en México, con una fachada que se asemeja al Pinacate, ese mítico grupo de montañas y cráteres que se encuentran en la reserva de la biosfera y el gran desierto de Altar. 

 

Ya dentro, el ambiente era totalmente de fiesta, pero de fiesta familiar. Lo primero que vi fue a la familia Espino; padre e hijo de la mano ambos con el número 21 en el dorsal. El niño apresuraba a su papá a tomar su asiento y es que estaba por empezar el encuentro.

 

Hicimos lo propio y en el momento que ocupamos nuestros espacios, casi de manera inmediata, nuestro guía se vuelve a poner de pie y nos anuncia que va a la tienda del equipo a buscarse una gorra y nos invita. Yo, totalmente confundido puesto que el juego estaba empezando, decidí acompañarlo.

 

Veinte minutos después, gorra, casaca —por supuesto el 21— y llaveritos en mano, tomamos nuevamente nuestros asientos justo para ver la primera carrera del equipo visitante poniendo el marcador 0 - 1. Pedimos una cerveza para pasar el mal momento y bueno, también unos duros con salsa y unas 'crujipapas'. Y al ver que la impotencia no disminuía fuimos también por unos tacos de carne asada.

 

De regreso a mi asiento y junto con mis compañeros, conocimos a unas personas que venían de Culiacán, también al congreso, pero fieles a la tradición beisbolera no podían dejar de lado la oportunidad de apoyar a su equipo, ahora de visitante. Al son de música de banda y como caballos bailadores nos sorprendió la euforia del estadio, una algarabía que terminó por contagiarnos a todos; Hermosillo acaba de empatar el encuentro en la parte alta de la cuarta entrada.

 

El juego siguió su curso y nosotros con él. Curiosamente, donde menos pasé tiempo fue en mi butaca. Platicamos en un lugar, bailamos en otro y desde todos lados te sentías conectado con el juego y sobre todo con la gente; 'con la raza', como dicen aquí. 

 

Con el partido empatado y a punto de iniciar la novena entrada, se vivía una tensión muy palpable entre los que apoyaban a uno y otro equipo y yo, que no esperaba mayor cosa, pasé de ser un simple espectador a un fan empedernido del 16 veces campeón de la Liga Mexicana del Pacífico y del equipo deportivo con mayor número de títulos en cualquier liga profesional en México.  

 

Al final, el encuentro lo perdimos. Pero ahora que lo pienso, ¿quién perdió? Ganamos todos. Gané yo. 

 

Y es que en definitiva, la experiencia del béisbol en Hermosillo es algo que sobrepasa los limites del deporte. Dicha experiencia sería inconcebible sin todas sus atenuantes, sin ese delicioso olor a comida; sin ese ambiente familiar donde los padres continúan con la tradición de llevar a sus hijos a disfrutar del rey de los deportes.  

 

Hoy estoy convencido de que algún día traeré a mi hijo a que vea un partido de béisbol conmigo, aunque no sea capaz de explicarle claramente todas las reglas o recordar las hazañas de grandes peloteros del pasado. No importa, no es necesario para disfrutarlo. Además, hoy sé que el 21 es el número sagrado del gran Héctor Espino y con esa historia es suficiente para empezar.