El camino a la patagonia

Haute Route Ventoux, La conquista del Gigante de Provenza

Septiembre 2019
Star News - Haute Route Ventoux, La conquista del Gigante de Provenza

Bitácora de la preparación: 10 semanas para el día D

Mont Ventoux es una de las etapas legendarias del Tour de Francia. Situado en la región de Provenza, el Gigante es temido y respetado por las exigentes pendientes inmortalizadas por los gigantes del ciclismo y por los fuertes vientos que castigan los últimos kilómetros a la cima y que dan origen a su nombre.

Metros antes de la meta, el monumento a Tom Simpson recuerda al ciclista británico que colapsó y murió en ese punto durante el Tour de Francia de 1967.

Se dice en aquellas tierras que no es loco quien sube al Mont Ventoux, sino el que vuelve. Así que podríamos diagnosticar con una sana locura a los ciclistas que se dan cita para participar en el Haute Route Mont Ventoux, buscando coronar la cima en tres días consecutivos y acumulando casi 300 kilómetros con un ascenso cercano a 7,700 metros.

Yo soy uno de esos sanos locos. Mi hija menor bromea con quien saca el tema diciendo que a su papá le gusta sufrir.

No hay nada más lejano a la realidad ya que en absoluto me agrada el sufrimiento; pero el sentimiento de logro, la sonrisa que me explota en las cimas y la mirada de orgullo de mi gente amada son algunas de tantas razones por las cuales desde mi perspectiva vale la pena prepararse para alcanzar metas ambiciosas.

Participar en esta competencia y dos semanas después en el maratón de Amsterdam, es parte de la recta final de la preparación, de casi un año, para el triatlón extremo PatagonMan en la Patagonia chilena, donde participaré en diciembre.

Pero es además el pretexto para viajar, conocer nuevos amigos y lugares, probar platos diferentes y tropezar con idiomas. En mi opinión, las mejores historias son las que quedan estampadas en las páginas de un pasaporte.

Así que después de los malabares necesarios para balancear la aventura deportiva con el trabajo y la familia, volamos a Marsella en el sur de Francia y de allí seguimos a Bédoin, un pequeño poblado en las faldas del Mont Ventoux donde iniciaron las diferentes etapas.

Al amanecer del día siguiente, 250 ciclistas nos dimos cita para la primera etapa con recorrido de 113 kilómetros y un ascenso acumulado de 2,700 metros.

Sabiendo que el segundo día sería el más demandante por la dificultad de las pendientes en una distancia aún mayor, decidí rodar con prudencia intentando evitar un desgaste excesivo para mantener un ritmo competitivo durante los tres días.

La estrategia resultó ser atinada ya que la segunda etapa fue tan dura que por sí misma podría ser un evento completo.

El tercer día llegué a la línea de arranque con las piernas agotadas pero la sonrisa a toda asta; listo para la prueba final, una contrarreloj con el último y más duro ascenso, el cual concluyó con una imagen muy especial que atesoraré siempre: la fotografía captura el momento en el que estoy llegando a la cima con mi esposa sonriendo orgullosa corriendo a la meta.

Próxima parada: Amsterdam.