Columna de Heriberto Murrieta

¿Hacia dónde va el periodismo deportivo?

Septiembre 2019
Star News - ¿Hacia dónde va el periodismo deportivo?

El otro día escuché un programa de radio donde unos colegas pasaron cerca de 20 minutos bromeando sobre cómo se repartirían hipotéticamente las distintas secretarías del gobierno federal, sin dar o comentar una sola noticia deportiva. Una pérdida de tiempo. 

A veces se cae en excesos o se desvían los objetivos de los programas de información deportiva. Se llena parte del tiempo aire con temas accesorios de poca relevancia y el tiempo es oro. También suele hablarse de deportes con marcadas exageraciones y un uso indiscriminado y erróneo de los adjetivos. Desde mi punto de vista, al caer en esa cubierta decorativa, se pierden seriedad y objetividad.

El periodismo es uno solo, sólo que cambia de tema. Consiste en investigar, informar, opinar. Por eso, el periodismo deportivo es periodismo, a secas. Lo único que cambia es que trata sobre un tópico de la vida humana que es la actividad deportiva.

Habiendo investigado la historia de la crónica deportiva en la radio y la televisión mexicanas, documentación apasionante que se reflejó en mi libro ‘Los Cronistas’ de Editorial Contragolpe (1999), puedo asegurar que el único gran giro estilístico que se ha dado en la crónica hablada desde los tiempos del imaginativo Ángel Fernández, fue el que provocó Christian Martinoli, quien impuso, junto con Luis García, un nuevo estilo de relato, basado en el desparpajo, la diversión, el albur, la velocidad mental, la ocurrencia y el sarcasmo.

Las malas copias de su forma de narrar y comentar han sido de pena ajena. A pesar de que la televisora para la que trabajan es socia comercial de la Federación Mexicana de Futbol, no se han tentado el corazón para criticar los petardos de la Selección Nacional en los últimos años. Otros narradores de mi gusto en los últimos 15 años han sido, entre otros, Raúl Orvañanos, Emilio Fernando Alonso y Ciro Procuna. 

En general se abusa de los prolegómenos, los lugares comunes, las muletillas y la cursilería. Se da poca importancia al idioma y la prosodia.

La crónica deportiva siempre ha ocupado un lugar muy especial porque a los mexicanos les gustan los deportes. Hace 80 años, cuando todavía no existía la televisión, los cronistas se convirtieron en seres entrañables, imprescindibles, pues eran los ojos de los radioescuchas a través de la radio.

El periodismo deportivo mexicano vive un auge porque cada vez existen más medios que cubren los distintos eventos y por tanto se requiere de más reporteros, conductores y comentaristas. Pero precisamente este boom ha propiciado una baja en el nivel de calidad de los comunicadores.

Cada vez hay más cantidad, pero no necesariamente excelencia. Campea la improvisación. Así, no es raro escuchar dislates por parte de quienes recitan frases mal aprendidas y peor expresadas: “le salió el tiro por la cubeta” o “lloró lágrimas de hipopótamo o fulanito da palos de ahogado”.

También es común utilizar expresiones con reminiscencias bíblicas de manera totalmente inapropiada: “Levántate y anda” o “tal equipo resucitó en el segundo tiempo”. 

Un fenómeno interesante de la época actual es que, sin ser periodistas o comunicólogos de carrera, hay personas que al informar algo en las redes sociales, están haciendo periodismo de cierta manera. Un tuitero puede llegar a dar una primicia, ganándole la nota a un reportero. Lo malo es que a veces algunos opinan o se burlan sin respeto ni ninguna autoridad moral o profesional. 

Sea como sea, en redes o en medios electrónicos o cibernéticos, el periodismo deportivo tiene un buen porvenir… siempre y cuando surjan buenos periodistas en los próximos años.