El camino a la patagonia

El día D: PatagonMan

Septiembre 2019
Star News - El día D: PatagonMan

El triatlón extremo en el fin del mundo

Entonces, los vientos del sur le susurraron una invitación al tiempo. Y el tiempo llegó el 9 de diciembre a la Patagonia, tierras en el fin del mundo donde la vida habita en fértiles valles, campos de hielo y aguas heladas.

45 nacionalidades nos reunimos en Coyhaique, Chile, buscando las alegrías y los dramas que suceden a lo largo de una competencia diseñada para expresar lo mejor del espíritu humano, una expresión que se muestra solamente ante la adversidad.

El triatlón extremo de la Patagonia fue pensado como un reto para locos amantes de lo imposible. Esos locos que abren los caminos que más adelante recorren los cuerdos.

Nadar cerca de 4 kilómetros saltando desde un ferry hacia la oscuridad de un fiordo que se interna en profundas aguas bordeadas de montañas nevadas no es cosa cuerda, menos cuando hay viento, marea y bajas temperaturas.

Tal vez por eso algunos competidores, al último momento, decidieron no subir al transbordador que en punto de las 4 de la mañana zarpó hacia aguas abiertas desde Puerto Chacabuco en Aysen, Chile.

45 largos minutos de navegación fueron la preparación para que poco más de 160 competidores se mentalizaran ya con los trajes especiales puestos, para realizar ese salto.

Este es un evento individual, y a la vez lo es también de equipo, pues cada participante depende de un equipo de soporte que lo acompaña desde el momento en que sale del agua y hasta el fin.

Este equipo le abastece de agua, provisiones y ropa durante el camino, también le acompaña y en algunas ocasiones le protege al final cuando el cansancio es tal que las ideas de abandono le asaltan.

Los primeros dramas sucedieron con las deserciones por hipotermia, que imposibilitó a quienes subestimaron la temperatura y las corrientes a continuar con la siguiente etapa: el recorrido en bicicleta de 180 kilómetros ascendiendo desde Aysén hasta Cerro Castillo, una demandante ruta por las montañas y ventosos caminos que cobrarían también una cuota de participantes.

Al terminar el recorrido ciclista, el hechizo del bosque reservaba 42 kilómetros de campo traviesa en campos, ríos y empinados caminos.

Este no es un triatlón normal y la meta no puede comprarse ni lograrse simplemente con seguir. La ruta es demandante, peligrosa en varios momentos y tiene cortes de tiempo. Requiere de una sincronización perfecta con el equipo de soporte, un equipo que se vuelve más aguerrido y celoso con el pasar de los kilómetros.

De estas horas de lucha surgen grandes amistades que, junto con el sentimiento indescriptible de logro, son quizá la mayor recompensa que obtiene gente que ha hecho del éxito un hábito.

PatagonMan fue un día extremo que quedará en la memoria de quienes compartimos ese andar, no por la llegada a la meta, sino por todo lo que sucedió en el camino. Para mí fue el cierre de un gran año de preparación que me llevó por diferentes caminos y competencias previas.

Pero Patagonia no es un destino, es una escala. Nos vemos en Islandia.