Columna de Heriberto Murrieta

Eco de lo que dijo Jacobo

Septiembre 2019
Star News - Eco de lo que dijo Jacobo

Prólogo escrito para el libro “Lo dijo Jacobo” de Cynthia Lara, próximo a publicarse.

Jacobo Zabludovsky fue un personaje excepcional. Dueño de una fuerte personalidad que imponía, enseñó el periodismo a numerosos reporteros de gran calado.

Era estricto y no daba concesiones. Corregía al instante y moldeaba buenos profesionales. De no haber sido como fue, nuestra formación no habría sido sólida ni lo hubiéramos aprendido como debe hacerse; con pureza, sin prolegómenos ni cursilerías ni lugares comunes. JZ daba las noticias directas, sin afectaciones.

Nos enseñó a desbrozar la información y encontrar la noticia dentro de la nebulosa de los acontecimientos. “La nota es algo que se desconocía y que resulta importante para una comunidad”, nos decía. Sí pero, ¿en dónde está? Muchas veces hay que echarle habilidad para hallarla.

Cynthia Lara (o simplemente Lara, como el lacónico maestro llamaba a la platinada y enigmática reportera) es una mujer agradecida que se ha interesado en contar su experiencia personal en la redacción jacobina. Traza una aproximación del informador y el ser humano que trabajaba todos los días bajo el liderazgo de Emilio Azcárraga Milmo, cuya felina figura no podía faltar en estas páginas.

Envolvente maestra para mí en más de una materia, Cynthia se dio a la apasionante tarea de recopilar testimonios de quienes crecimos a la vera del que fuera para nosotros como un segundo padre o un abuelo sabio en el último tramo de su intensa existencia. Un conversador antológico y un profesional incansable con disciplina militar, siempre dispuesto a trabajar sin importar la hora.

Comparto la angustia de Cynthia al rememorar la fuerte presión que Jacobo ejercía sobre nosotros cuando nos obligaba a regresar con la entrevista por él solicitada o simplemente no volver a Chapultepec 18.

Esa exigencia del jefe, ese acicate súper formativo provocaba insomnio, porque muchas veces el reportero necesita mucho más que su hambre periodística o su capacidad de persuasión o su entusiasmo o sus contactos para lograr su objetivo.

El título de esta obra no puede ser más atinado: Lo dijo Jacobo. Y es que durante varias décadas, el caballero de fina estampa era la voz total, única, la referencia máxima de la información. Si hablaba en la televisión de un suceso —la cara rígida, escoltada por aquellos descomunales audifonotes— era porque en efecto había ocurrido.

Si lo dijo Jacobo, entonces era verdad. La gente le creía, hasta que pasado el tiempo se tornó escéptica. Existían otros medios, pero ninguno con la fuerza del noticiero 24 Horas. Su voz gutural abarcaba todo el espacio de la comunicación, antes del arribo de una lógica apertura y del surgimiento de espacios de noticias que hoy se cuentan por decenas. Zabludovsky era el hombre ideal para los tiempos informativos, ciertamente condicionados, que le tocaron vivir.

Ser humano como todos, Jacobo tuvo flaquezas, desánimos, desilusiones y momentos difíciles. Aquí los cuenta Cynthia con la objetividad periodística que el propio Jacobo le demandaba, pero a la vez con el enorme cariño que le sigue dispensando, a cuatro años de su fallecimiento. De ahí que en este libro abunden las referencias sobre la extraordinaria calidad humana del Güero de la Merced, amén de su ironía fina, inteligencia, cultura y su gusto por la cultura popular, los tangos, los toros, la canción romántica y la lectura.

De lo que dijo Jacobo hace eco Lara en este valiosísimo testimonio que sirve para entender el escenario periodístico mexicano de toda una época.