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Cuando el octágono fue testigo del poder femenino

Flor Velázquez / Marzo 2020
Star News - Cuando el octágono fue testigo del poder femenino

No tiene más de una década desde que las mujeres han logrado abrirse camino en deportes de gran exposición masiva como el tenis y el futbol, logrando destacarse y obtener los mismos títulos que hasta ese momento, solo hombres habían tenido la oportunidad. 

 

La carrera de las mujeres en las artes marciales mixtas es mucho más reciente. Si bien, desde los años noventa se tiene registro de torneos y combates femeninos fue hasta el año 2013 que UFC transmitió en su cartelera estelar a dos mujeres enfrentándose con la misma técnica, fuerza y habilidad que hasta ese momento solo habían demostrado los hombres en un show de talla mundial. 

 

A pesar de que Dana White, presidente de la UFC, fue renuente durante los años previos a incluir categorías femeninas en las carteleras semanales, en el mundo de las MMA comenzaba a resonar el nombre Ronda Rousey como una revelación femenina que acumulaba victorias en diversos torneos. Dana White finalmente dio el sí y se pactó el primer encuentro femenino entre Ronda Rousey y Liz Camouche. 

 

El triunfo de Rousey en esta pelea inició un amplio interés mediático no solo por la atleta, sino por la figura femenina en un escenario que por su rudeza parecía estar creado solo para hombres. 

 

UFC creó tres divisiones de peso femeninas, contrató decenas de mujeres con títulos profesionales alrededor del mundo, teniendo como consecuencia el aumento de las ganancias de las atletas femeninas de artes marciales mixtas. Patrocinadores y marcas voltearon a ver a las peleadoras e inicio el ascenso de las mujeres en un espacio más plural que en el de otros deportes. 

 

En menos de una década, UFC ha impulsado las categorías femeninas procurando incluir uno o varios combates en su cartelera semanal, ofreciendo además el mismo impulso mediático —sin importar el género— a las peleas de campeonato. A nivel mundial esto ha tenido repercusiones positivas en la práctica de las artes marciales mixtas. 

 

Cada vez se ven mas niñas, jóvenes y mujeres entrenando en los dojos, en los shalas, poniendo a prueba su fuerza, aprendiendo nuevas habilidades y demostrando que este deporte no tiene género cuando existe técnica. Prueba de ello es que las grandes competidoras realizan sparring —práctica de entrenamiento cuerpo acuerpo— tanto con hombres como con mujeres.

Ya lo dijo la tapatía Alexa Grasso, peleadora de UFC en la categoría de peso paja: "creo que todas las mujeres deberían entrenar, hacer ejercicio, ser fuertes. No me refiero a que todas deban saber pelear profesionalmente, pero cuando eres fuerte físicamente te da confianza y seguridad en ti misma y eso es lo que el mundo actual esta pidiendo de las mujeres".