Columna de Heriberto Murrieta

Char, amar y crear

Heriberto Murrieta / Septiembre 2019
Star News - Char, amar y crear

El poemario de la escultora mexicana nos lleva por un viaje literario de ensoñación y sentimientos

Se cumplen 100 años del nacimiento y 30 del fallecimiento de la extraordinaria escultora mexicana Charlotte Yazbek. Con esos motivos, su nieta Fernanda Chain presentará próximamente la recopilación de su poemario inédito, titulado 'Sísifo Feliz'. 

 

Muchas horas de plática con Fernanda sobre su abuela-ídolo-amiga me han permitido aproximarme a la personalidad de una mujer bella y refinada, y una artista original y creativa. 

 

Su escultura atravesó por distintas etapas. La primera tuvo influencia de Auguste Rodin y Alberto Giacometti. Con el tiempo fue creando su propio estilo, inspirada por unicornios, pájaros y figuras humanas estilizadas. La película 'Avatar' transporta a su obra surrealista. 

 

Las figuras alargadas en la obra escultórica de Char son reflejo de su finura. Figuras delgadas como pétalos, rectilíneas como flechas; figuras que crecen hacia el cielo, no hacia los lados, rodeadas por la serenidad de la naturaleza o la banca de un parque. 

 

No hay en toda su obra ningún atisbo de tosquedad. Char es la estilización de la forma, el alargamiento del hueso, los dedos gráciles, como de pianista. 

 

A la inversa de Botero, que basó su arte en el sobrepeso, la artista poblana buscó la delgadez junto a elementos como la jaula, el violín, la flauta, el ave o la luna. 

 

Alguna visión cósmica habrá tenido Char para moldear figuras con cabezas rapadas, grandes ojos, narices casi ausentes y ojos de duende. Imaginativos rasgos alienígenas, que atrapan a los diletantes de una obra menos conocida de lo que debería. 

 

Su casi desconocida producción literaria fue corta. Tan solo 13 poemas de amor profundo y fugaz, que llevan al lector de la pasión al desencanto y la resignación. Hay en sus líneas un toque de desaire y de despecho. 

En la mitología griega, Sísifo empujó cuesta arriba una enorme piedra por una ladera y cuando estuvo a punto de llegar a la cima para al fin descansar del titánico esfuerzo, la roca se deslizó, teniendo que repetir el intento una y otra vez. Sufrido destino del sudoroso personaje. Era ese el castigo a su impiedad.

 

En La Odisea, Homero contó esta historia contumaz, que es en sí misma toda una odisea. La piedra en el zapato, tropezar de nuevo con la misma piedra, la piedra del Pípila, "una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar". La piedra, siempre la piedra en la vida del hombre, a manera de obstáculo y reto a la vez. 

 

Pero más que empujar, lo que tuvo Charlotte Yazbek fue empuje, el necesario para luchar contra las adversidades, para crear y amar. Amar sin reservas ni condiciones, amar hasta perder de vista momentáneamente que el amor que profesa es imposible, pero con la plenitud de brindarse con el más convencido desprendimiento, la más absoluta convicción.

 

Como el título de su poemario, Char era una Sísifo feliz, totalmente entregada, sin importarle el predecible desamparo. Una historia aleccionadora que ha de entenderse así: el amor puede ser cuesta arriba, como el escarpado ascenso del hijo de Eolo, pero si la apuesta es grande, no hay cargas ni sacrificios sino sublime construcción.