Los cuentos de la tía Lucy

Amor

Luz Quijano / Septiembre 2019
Star News - Amor

Cristina nació en un pequeño pueblo de los Altos de Chiapas. Es la menor de siete hermanos y su familia se dedica a la venta de huipiles bordados. Cada semana, acompaña a su papá a la ciudad de San Cristóbal de las Casas para vender sus productos y comprar materia prima; como ya es una jovencita, opina sobre las prendas de vestir, diseños y colores.

Gabriel es el primer hijo de una familia que es dueña de una gran tienda. Es delgado, tiene piel morena y cabello oscuro, estudia la preparatoria y trabaja en la tienda, pero cada que puede, hace lo que le encanta: tocar la guitarra y cantar.

Así lo vio ella y de inmediato sintió las mariposas rondando en su estómago. Poco a poco se fueron conociendo y mientras eso pasaba, Cristina se emocionaba cada vez más por verlo y hablar con él.

Un día, burlando la vigilancia paterna, se vieron en el parque y se besaron por primera vez; fue un beso largo y prometedor. Entonces, cada semana se buscaban, platicaban y se hacían compañía a escondidas de sus padres. Así vivieron 8 meses de romance.

Sucedió lo que nadie imaginaba. Un domingo, al salir de la tienda, el padre de Cristina fue abordado por una extranjera, quien ofreció una beca en Inglaterra para convertir en modelo a la chica; pero solo podían pensarlo dos días, pues irían a la ciudad de México y luego a Londres para iniciar estudios y prácticas.

No hubo tiempo de nada. El martes partieron; Cristina, con el corazón emocionado y triste; sus padres, expectantes y la buscadora de modelos, feliz.

La vida siguió su inexorable curso y así pasaron quince años. El licenciado Gabriel, haciéndose cargo de la tienda familiar y cuando sus padres comentaban que ya era tiempo de “sentar cabeza”, él solo sonreía.

Al otro lado del mundo, Cristina, trabajando y asistiendo a fiestas. Un día, después de una presentación, recibió una solicitud de amistad en una red social, al revisarla, sintió las mariposas que hacía mucho no experimentaba.

Era Gabriel. Miró con detalle sus fotografías y aceptó con alegría. Reanudaron pláticas y poco después, al compartir sus números telefónicos, ella le hizo la pregunta que le martirizaba: “¿Te casaste? No —respondió él y su corazón latió rápidamente—. Yo tampoco —dijo ella y ambos rieron nerviosos—”.

Una mañana, avisó a Gabriel que se presentaría en México y un domingo por la tarde, aterrizó el avión que la transportaba. Al entrar en la sala, observó una cartulina que, con letras grandes decía: “Estoy esperándote como cada domingo”, era Gabriel. Se miraron, se abrazaron y se besaron con alegría y esperanza de un futuro prometedor.

Frase de la abuela: El amor mueve montañas y acerca a las personas.